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Vivir lejos

Ariela Agosin

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Esperando Cuando algo anda mal
Página 1
Golpes de Estado, persecuciones políticas, persecuciones religiosas, dictadores de izquierda, dictadores de derecha, crisis económicas, búsqueda de oportunidades para salir del círculo de la pobreza que caracteriza a nuestros países, ilusiones, estudios, traslado laboral, amor, etc. Numerosas son las causas que motivan la emigración de nuestra gente, pero lo cierto es que la gran mayoría de los latinos que nos encontramos viviendo en Estados Unidos, vivimos lejos del lugar en el que nacimos, de nuestra familia nuclear, de los amigos con los que crecimos, de las calles que nos vieron dar los primeros pasos, de la panadería de la esquina en la que acostumbrábamos a comprar el pan calentito de las mañanas, del trabajo que sabíamos hacer bien o nuestra profesión, de la cocina de la abuela y la madre, y sobre todo, lejos de las reuniones familiares que llenaron nuestra vida por largo tiempo y cuya importancia no valoramos hasta llegar a estas tierras foráneas. Lo mismo se repite en otros países en los cuales muchos buscan refugio de sus realidades o una oportunidad de un futuro más promisorio.

Pero si bien nos trasladamos en búsqueda de algo mejor, los costos son muy altos y a veces nos preguntamos si valdrá la pena tanto esfuerzo. Lo veo cada día en las cartas de las usuarias de Todobebé que claman por compañía, conversación u opinión sincera pues su gente no está cerca para cumplir estos roles. Lo han visto todos los de nuestro equipo en distintas actividades, como en los “Todobebé al Rescate” en los que más de una vez se han encontrado con realidades que hacen preguntarse ¿Cuán mal habrán estado en sus países que prefieren pasar por esto?, y lo vivo yo a cada momento pues también estoy lejos.

Estos costos nos pegan una bofetada en cuanto llegamos al país al que inmigramos, rápidamente nos damos cuenta que no pertenecemos, que acá no somos la persona que éramos pues nadie nos conoce y hay que empezar de cero, presentándose en cada lugar y tratando de dar una buena impresión. Lo mismo ocurre con pequeñas diferencias culturales pero que se sienten muy fuertes, y ejemplos sobran: Como la forma de proceder de la policía con una autoridad que a veces aterra, ¿A quién no lo han parado por una infracción de tránsito y lo han hecho sentir como un terrible criminal?, o en mi caso otro ejemplo clave han sido las “citas de juego” (play dates) concepto formal que en mi país no existe pues es para nosotros tan natural invitar a un amiguito a casa que no podía creer que existiera un término específico para este mundano asunto, o la anticipación con la que hay que inscribirlos en el colegio, summer camp, actividades después del colegio, etc., la anticipación en la repartición de invitaciones para un cumpleaños de niños, y ni hablar de la anticipación para reservar un lugar, las notas de agradecimiento por los regalos, y sigue y sigue….innumerables choques culturales que a lo menos a mí me impresionaron. A todo esto hay que acostumbrarse poco a poco y sin quejas pues al fin y al cabo, nosotros somos los extranjeros.

Pero esos choques culturales no son el gran costo, el precio más duro de pagar, al menos para mí, es simplemente…..estar lejos. No ver a mi madre tan seguido como quisiera, no tenerla a mi lado durante un embarazo o el parto, no comer una vez a la semana con mis hermanos, que mis hijos y mis sobrinos no crezcan juntos, organizar un hermoso cumpleaños y que mis amigos y familia no estén para disfrutarlo, tener que inventar algo para las fiestas de fin de año sabiendo que nunca será lo mismo sin tener a los míos conmigo, no poder acompañar o ser acompañada en alguna enfermedad, el día del padre, el día de la madre, y el episodio más difícil en estos años para mí, fue la muerte de mi abuelo, momento en el cual no estuve y no pude viajar al funeral. Sé que lo que cuento no es una exclusividad mía, pues como dije, lo escucho y leo a diario de muchas personas que también viven lejos en este país u otro.

Entonces, ¿Qué hacemos? ¿Cómo afrontar esta distancia de nuestra cuna? Además de buscar buenos amigos que de alguna manera llenan nuestros vacíos y nosotros los de ellos, nos apegamos a Internet, televisión por cable, música, teléfono, comidas típicas y todo aquello que nos haga sentir más cerca.

Hay que ser honestos, hoy en día afortunadamente, las distancias son más cortas gracias a estos adelantos que nos permiten hablar y vernos con nuestros seres queridos casi como si estuviéramos juntos, mantenernos al día de las noticias de nuestros países, y hasta sentir los sabores y olores de esas tierras sin tener que viajar. Esta es la parte hermosa de la globalización, acorta distancias y convierte aquellas separaciones que antaño eran infinitamente dolorosas y desoladoras, en separaciones bastante más llevaderas. Hace muchos años, mi madre se fue a un país lejano de su familia para seguir a mi padre y recuerdo cuantas veces lograba hablar con su mamá y hermanos, cada cuanto tiempo se recibían cartas y los largos períodos de espera para un viaje. Todo eso ha cambiado hoy, y si bien sigue siendo difícil como lo he plasmado acá, la tecnología y globalización están a merced de estas emigraciones forzadas o voluntarias que han marcado la historia de nuestros países latinoamericanos por tanto tiempo, dividiendo familias.

Así las cosas, estos conceptos – globalización, tecnología - que parecen sacados de un noticiero o documental, son ciertamente pan de cada día para nosotros los foráneos en un país extraño, que gracias a ellos nos mantenemos cerca aunque vivamos lejos.

Entonces, vivir lejos es duro, pero mucho menos difícil de lo que fue para la generación anterior, por lo que tenemos que seguir con fuerza y vigor, luchando por lo que vinimos a hacer y aprovechar todo aquello que el Siglo XXI nos ha regalado para estar cerca aunque vivamos lejos. ¡ánimo y pa’ elante!
¡Advertencia!

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