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Dignidad ante todo: mi visita al campamento de J/P HRO en Haití

Jeannette Kaplun

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Dignidad ante todo  mi visita al campamento de J P HRO en Hait
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La periodista en mí se emociona hasta decir basta cuando me entero que por primera vez el campamento de carpas de la organización J/P Haitian Relief Organization (J/P HRO por sus siglas en inglés) le abrirá las puertas a un grupo de blogueras y que estaré en ese grupo. Me explican las reglas, especialmente para cuidar la dignidad de las cerca de 23 mil personas que viven en lo que era un campo de golf hasta el 12 de enero del 2010. Accedo porque entiendo que estas personas han sufrido demasiado desde el terremoto que los dejó sin hogar alguno y que muchos han venido sólo a usarlos como un accesorio en su fotografía para sentirse bien consigo mismos. También lo entiendo porque a pesar de que uno de los fundadores de esta organización es el actor Sean Penn, el trabajo que se hace aquí cada día no tiene nada que ver con la farándula ni los chismes.

Nos dividen en dos grupos y nos vamos en una camioneta primero a un policlínico recién inaugurado. El orgullo de Susannah, a cargo de proyectos de desarrollo de J/P HRO, es evidente. Finalmente hay dos centros de atención médica fuera del campamento y son completamente atendidos por personal haitiano en vez de depender de médicos extranjeros. Y eso es un tremendo logro. Mal que mal, J/P HRO está recién celebrando su segundo año de existencia el mismo día que realizamos nuestra visita.

Nuestro guía en JP1, como le llaman a este centro asistencial, es Marc, quien hace dos años jamás pensó que se entrenaría para dar atención médica. Nos muestra feliz lo que será la sala de rayos equis y nos explica que él mismo sacará las radiografías. De ahí nos muestra dónde darán a luz las embarazadas y aclara que él también atiende partos. No se practican cesáreas porque no están equipados, por lo que cualquier urgencia implica que deben derivar a la madre al hospital de MSF (Medecins Sans Frontiers), los médicos sin fronteras, que queda a unos 45 minutos de distancia.

Cuando ves la precariedad de las instalaciones, especialmente lo que pronto será la "sala de maternidad", comprendes aun más lo mal que estaban las cosas. Y te enteras que las embarazadas hasta hace poco debían subir un cerro a pie para dar a luz. Y apenas parían, tenían que bajar el cerro para volver a su carpa. Con el “boom” de natalidad que se ha vivido en Haití después del terremoto, hasta a Susannah le ha tocado atender un parto. Ya han nacido mil bebés en el campamento. Y lo que me sorprendió fue la tasa de mortalidad materna: cero.

De ahí visitamos la otra clínica, JP2, donde veo a adultos y niños enfermos recibiendo atención médica. Hay varios niños y mi alma se me parte. No quiero mirar mucho para no invadir su privacidad. Pero le sonrío a una niña y saludo a su madre con un "Bonjour" o "Bon Soir" cordial, que es la costumbre de todos a quienes hemos conocido en Haití.

Luego toca visitar in situ el campamento. Hay un camión de la ONU en la entrada ya que funcionarios de las Naciones Unidas vigilan la seguridad en el campamento.

Nuestro guía dentro del lugar es Samuel. Hay una carpa al lado de otra, en una fila interminable, casi agobiante por la falta de espacio. No puedo creer que haya personas que digan que quienes permanecen en las carpas es porque lo desean. No tienen idea de lo que hablan.

Avanzamos y vemos un puesto de repartición de agua (por la que se cobra una pequeña cuota). Hay niños con bidones aprovechando de llenarlos para llevar agua a sus familias, porque están acostumbrados a ayudar a sus madres desde muy chiquitos. Y al lado del agua, está la escuela, que brinda educación a cerca de 500 niños. Hoy no hay clases porque es sábado, pero en un espacio libre de carpas, hay niños y jóvenes jugando fútbol. El deporte rey sin duda es el favorito en Haití, por más que aquí no hay pasto, sino tierra y piedras.

small De ahí entramos a la carpa de los artesanos. Y es como entrar a otro mundo. Aquí hay orgullo. No hay más luz que la que se cuela entre las uniones de la carpa, pero la creatividad ilumina cada rincón. Porque a partir de papel obtenido de las cajas de cartón de los cereales y pegamento, los artesanos crean joyas de colores, collares y hasta aretes. Están tan orgullosos que cada creación tiene un papel con el nombre de quién fue su creador. Willa Shalit, fundadora y presidenta de FairWinds Trading (que les permite a los artesanos vender a tiendas de los Estados Unidos), les trae papel rosado y mira con orgullo cómo han organizado las cuentas de papel por colores para poder exportarlos.

Collares hechos por artesanos de J/P HRO Luego de comprarles varios collares, seguimos recorriendo el campamento. Debemos apresurarnos porque ya está cayendo el sol. Hay niños por todos lados y te sonríen y lo único que quieren es que los saludes haciendo chocar tu mano o puño contra el de ellos. Su ropa está sorprendentemente limpia, todos están peinados y a pocos metros ves a sus mamás lavando ropa en sus trastes, sin importar que conseguir agua es toda una hazaña. Todos saludan. Porque aquí se respira dignidad. Sin importar las condiciones en que han tenido que sobrevivir.

Terminamos nuestro recorrido caminando un poco por una de las colinas del campo de golf que terminó siendo el refugio de miles de familias. En un momento había cerca de 60 mil personas viviendo en este campamento; ahora hay aproximadamente 23 mil. La idea es que cada vez más personas salgan de sus carpas y puedan vivir dignamente. Se han cumplido dos años desde que sin querer queriendo J/P HRO tuvo que hacerse cargo de brindar una estructura y un camino hacia la reconstrucción del pueblo haitiano. Y aunque falte mucho aún por hacer, cada avance merece ser celebrado.

Porque en un país donde a veces no se aprecia a dónde fue a parar el dinero de las donaciones, ver la labor de los voluntarios de J/P HRO, que la cantidad de personas viviendo en carpas ha disminuido en dos tercios, que ya hay dos centros médicos funcionando de manera autosuficiente y que atienden 2 mil pacientes cada semana, es un gran avance. Un avance que merece ser reconocido y por eso termino este relato con esperanza de que puedan seguir adelante. Para que puedan seguir ayudando, pero a la vez sigan fortaleciendo a quienes ayudan.

Y me voy no llena de tristeza, sino de esperanza. Sí, es verdad que tengo un nudo en la garganta, que siento impotencia al ver tanta necesidad. Pero veo que las buenas intenciones sí pueden volverse buenas acciones. Acciones concretas. Y me voy con el compromiso de no olvidar la dignidad de quienes conocí ni todo lo que falta por hacer.

La periodista en mí reflexiona y aún procesa todo lo que vio, pero no olvida que al compartir esto, puede ayudar a que otros tomen acción y decidan ayudar.

Fotos: Cortesía de Keziah Jean/ J/P HRO y Jeannette Kaplun.

Jeannette Kaplun, mamá de 2 hijos, es la cofundadora, editora general y presentadora de Todobebé y ¡Viva la Familia! de Todobebé y la puedes seguir en Twitter o leer su blog en Blogs de Mamás . Además es la autora de "Todobebé: Todo lo que necesitas saber para el primer año de tu bebé".

¡Advertencia!

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