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Blog de la editora
Blog de la editora: Haití, país de contrastes
Jeannette Kaplun
Haití es un país de contrastes. De carpas ajadas donde viven familias que se quedaron sin nada y tiendas que venden Porsches al frente para aquellos a quien el dinero parece sobrarles. De casas enormes en ciertas zonas y hogares derrumbados que aun no se reconstruyen. De música en las calles pero una situación de precariedad indescriptible para demasiados.
Es un país donde a pesar de la miseria que ves en los campamentos, las mujeres pasan lavando la ropa de su familia y ves a todos vestidos pulcramente. Donde a pesar de no tener más recursos que cajas de cartón, goma de pegar y un hilo, un grupo de mujeres se ha unido para crear verdaderas bellezas en bisutería, tan únicas, que varios diseñadores famosos les han pedido que les fabriquen especialmente las cuentas de papel (paper beads) para sus colecciones futuras.
Claro que han logrado eso gracias a la asesoría de Willa Shalit, quien de ser productora de obras de teatro en Broadway como los Monólogos de la Vagina, ha pasado a ser una líder incansable en la reconstrucción sustentable al profesionalizar la artesanía en diferentes ciudades de Haití mediante Fairwinds Trading y el apoyo de la fundación Clinton-Bush Foundation. Es gracias a ella también que estoy en Haití con un grupo de blogueras (bloggers4Haiti) conociendo en terreno lo que está sucediendo.
El contraste te salta a la vista a cada rato. En medio de las condiciones de mayor hacinamiento, sin luz, sin agua, sin la seguridad de saber dónde vivirán si se cierra el campamento donde están, ves a los hombres jugando un partido de fútbol. Y todos te saludan como si caminaran por el centro de una ciudad desarrollada con un educado y cálido "bon soir!". El detalle es que están caminando por los estrechos pasadizos que quedan entre las carpas que se han levantado en lo que era un campo de golf. Lleno de tierra y basura. Donde falta casi de todo pero sobrevive, aunque parezca increíble, la dignidad humana.
El contraste, insisto, es abrumador. Por un lado, observo la ciudad desde las alturas de un cerro un hotel reconstruido que está impecable sin ser lujoso para estándares internacionales. Y lo que veo en el cerro del frente son más carpas, donde viven cientos de personas que se quedaron sin techo hace dos años. Han pasado dos años y sí se ha avanzado. Han logrado despejar toneladas de escombros de las calles de Port au Prince (Puerto Príncipe). Pero falta tanto.
Termina mi primer día en Haití y aunque no logro procesar mental ni emocionalmente lo que he visto, sé que no me puedo quedar callada y pedirles que sigan ayudando. Apoyemos a las empresas que sí buscan dar trabajo en Haití y a las instituciones que sí utilizan de manera positiva las donaciones. Porque aunque ustedes no lo crean, no se me ha acercado ni un solo mendigo. Nadie me ha pedido dinero. Lo único que me han dicho cada vez que pregunto "¿Qué necesitan? ¿Cómo ayudo?" la respuesta es la misma: trabajo.



