Creciendo Juntos
Meriendas de contingencia. Si planificar con antelación no te funciona, sigue el plan B: compra meriendas pre-empaquetadas, pre-cortadas ya preparadas. Las meriendas que no necesitan refrigeración duran un poco más en tu despensa o bolso. Hazte un recordatorio visual para la mañana si necesitas agarrar meriendas de la refrigeradora antes de irte.
Seguridad y meriendas. Cascos, rodilleras y entrar a casa cuando oscurece. Todas éstas son estrategias para cuidar la seguridad de tus hijos, pero también es importante cuidarlos cuando comen una merienda o snack. El que no estén comiendo una cena completa no significa que tu hijo no debe de estar sentado mientras come una merienda. Trata que tu hijo se siente o se quede en un lugar mientras comen una merienda o beben algo.
Meriendas portátiles. Frutas, frutos secos, vegetales, cereales listos para comer, nueces y semillas son meriendas fáciles, muy portátiles y que contienen muchos nutrientes. Algunos de estos alimentos vienen en su propio empaque (como los plátanos o bananos), mientras que otros quizás requieren de más preparación. Evalúa qué funciona mejor para ti y saca provecho de esas meriendas fáciles pero muy nutritivas.
Meriendas en una tienda. Hay veces en que por más que trates de planear algo, no resulta. No todo se halla perdido. Las tiendas pequeñas o “de conveniencia” sí tienen meriendas nutritivas, por lo que puedes salvar la salida.
Busca estas meriendas en las tiendas: queso tipo hilo (“string cheese”), galletas saladas tipo “pretzel”, yogurt, cereal listo para ser consumido en un bol, semillas de calabaza o maravilla, porciones individuales de leche o jugo, palomitas de maíz (popcorn), barras de granola, galletas hechas con trigo integral y a veces incluso hay frutas y vegetales lavados y cortados. Ten en mente que las tiendas también tienen comidas empaquetadas en tamaños súper grande, por lo que haz que los miembros de tu familia compartan estas meriendas o guarda un poco para más tarde



