Aventuras de un Papá

De papá a papá, Columna 1

En nuestra primera columna, les contamos cómo se preparó Bram Scolnick, de 29 años, para el nacimiento de su primer hijo, Evan, que tiene un año. Aquí va su testimonio:

Desde el momento en que decidimos con Karin, mi esposa, que queríamos tener un hijo, conversamos de todas las clases que tendríamos que tomar, de cómo tendríamos que hacer de nuestro hogar un lugar seguro para el bebé. Sin embargo, cuando tratamos de concebir, una de las cosas más frustrantes (y casi ridícula) fue que no teníamos idea de que existía un ciclo de ovulación. En las películas, las parejas tienen relaciones y luego se embarazan. No hay ciclos, no hay preocupaciones… el sexo= bebé. Bueno, aprendimos que hay todo un proceso de por medio y después de 6 meses de intentarlo, lo logramos.

Yo estaba muy emocionado y quería anunciarlo, pero los médicos nos aconsejaron que esperáramos para asegurarnos que Karin no perdiera al bebé.

A partir del día en que supimos que estábamos embarazados, lo primero que hice fue cambiar mi manera de conducir. Nací en Nueva York, lo que significa que no tengo paciencia a la hora de manejar el automóvil. De repente, empezamos a botar cosas que parecían sobrar en nuestro departamento. Sabíamos que venía un bebé, pero lo único concreto era el cambiante cuerpo de mi esposa. Nunca lo pensé, pero ¡el embarazo era sexy en ella!

También empecé a ayudar a Karin con su dieta. Teníamos que cuidar muchísimo lo que comía, porque sentía náuseas todo el día. Sólo ver salsa de tomates la hacía vomitar. Incluso dejó de acompañarme al supermercado, algo que antes nos encantaba hacer. Me aseguraba que todos los días tomara sus vitaminas, que eran enormes y olían de manera extraña. Además, me encargué de que se sintiera cómoda y de que siempre tuviéramos bolsas cerca para cuando vomitara y botellas con agua para que se pudiera refrescar. ¡No es broma!

Pude apoyar a Karin con masajes y tratando de hacerla sentir cómoda. Hay muchos libros que nos explicaron qué esperar, los cambios de ánimo de ella, la carencia de sexo, todo tipo de cosas. Pude entenderla, creo, aunque no estoy seguro, porque había momentos en que sus hormonas se apoderaban de ella.

Mi consejo: ten paciencia y disfruta, Asiste a cuantas clases puedas. Si tienes amigos con hijos, pídeles sostener a sus bebés; acostúmbrate, porque es muy raro no saber cómo manejar a un bebito, pero vas a aprender cómo hacerlo y te va a encantar. Otro consejo que les puedo dar a los futuros papás: ¡que les guste darle masajes a sus esposas!

Empezamos a pensar en cómo prepararnos aún más. Tomamos todos los cursos que ofrecía nuestro hospital: Lamaze, cuidado del bebé, nómbralo y estuvimos allí. Lo mejor de todo es que lo disfruté. Era interesante y divertido ver a todas las demás parejas, a las mujeres con ENORMES barrigas y otras con una pequeña panza.

Creo que la mejor clase para mí fue un campamento intensivo sólo para papis. Duró tres horas. Había futuros papás, instructores y, lo más interesante, había padres con sus hijos. Es más, eran papás que habían asistido a esta misma clase hacía meses y vinieron a compartir sus experiencias.

Todos nos presentamos y hablamos de nuestros temores y preocupaciones. Jamás pensé que esto podría ser entretenido. En la mitad del curso, nos dimos un descanso y los futuros papás nos lavamos las manos. En serio. Porque los papás que trajeron a sus bebés nos dejaron tomar en brazos a sus bebés.

Sólo había sostenido a un bebé antes de ese día. Esa mañana, tomé en brazos a varios. Fue impresionante. No tenía idea de que estaba tan emocionado de tener un hijo. Todos me miraban mientras sostenía a un bebito de pocos meses de edad. Estaba babeando sobre mi camisa y el papá me pidió disculpas. Ni siquiera me había dado cuenta y la verdad es que no me importaba. Este pequeñín estaba apoyando su cabecita sobre mi cuello y yo sólo atinaba a sonreír ampliamente. Se me acercó un instructor y me dijo: “¡Estás listo para tener hijos!” y mi respuesta fue sonreírle aún más.

Cuando terminé de sujetar a los bebés, me emocioné más todavía sobre el nacimiento de mi hijo. ¡No podía esperar! Si los papás tienen la oportunidad de tomar un curso como éste, ¡háganlo!

Asiste a todos los exámenes y ecografías (ultrasonidos) que puedas. Ver su corazoncito latir adentro del vientre de mi esposa fue impresionante. Mi participación activa en el embarazo de mi esposa me ayudó a sentirme más cerca de ella y a emocionarme aún más con la llegada de nuestro bebito. Déjenme decirles, eso sí, que no hay nada que a uno lo prepare para el gran día.

Hay quienes se asustan al ver sangre. Déjenme decirles que no hay nada más sorprendente en esta vida que ver a tu hijo venir al mundo. Estuve ahí cuando lo hicimos, y estuve ahí cuando llegó al mundo. Leí en alguna parte que hacer un bebé es la mejor y la única manera en que el hombre comparte con Dios el milagro de la vida.

La paternidad es lo mejor. Evan está caminando solito y cuando me ve, camina o gatea más rápido hacia mí, gritando ¡DA DA!

Algo raro me acaba de suceder. Estoy sentado aquí, escribiendo sobre lo que sentía ante la llegada de mi hijo y tengo lágrimas, muchas, acumulándose en mis ojos. Realmente amo a mi hijo. Lo curioso es que ahora me doy cuenta de que me parezco tanto a mi papá. Sus ojos siempre se le llenaban de lágrimas cuando hablaba sobre mí, algo que todavía le sucede.


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