Columna de Michelle
Cuando la cigüeña no llega: La Columna de Michelle - Parte 1
Nunca pensé que me sucedería a mí. Desde que tuve mi primera menstruación a los once años, cada mes me llegaba la regla cada 31 días. Era algo casi religioso. Cuando me casé, empecé a tomar la píldora anticonceptiva, porque no estaba preparada para quedar embarazada.
¡Qué desperdicio de dinero! Ahora que deseo hijos, los médicos sospechan que no ovulo. Si una mujer no ovula, no puede quedar embarazada. Ergo, no puedo concebir sin la ayuda de la ciencia moderna.
Dejé de tomar la pastilla anticonceptiva y mis ciclos nunca volvieron a ser regulares. 40 días por aquí, 37 por allá… Un par de veces, 28 días pasaron entre cada menstruación. Ahora llevo 50 días sin que me llegue la regla.
Mi caso no es típico, pero hay miles de mujeres como yo, que cada día se preguntan por qué no pueden quedar embarazadas, mientras que quienes no desean concebir, caen encintas al primer descuido. No es justo, pero es una realidad con la que debo aprender a vivir. Duele escuchar que hay quienes traen bebés a este mundo sin desearlos, que los abandonan, que los maltratan, que nos los quieren. Quienes ansiamos un bebé y no logramos concebirlo, sufrimos cada vez que nos damos cuenta de las ironías de la vida.
Sufrimos cuando nos preguntan ¿Y cuándo vas a tener un bebé? y nos limitamos a contestar No todavía, en un tiempo más, porque no deseamos admitir que lo estamos intentando infructuosamente. Sufrimos cuando escuchamos que alguien dice que no quería quedar embarazada y se mira el vientre que cada día crece más. Sufrimos cuando nuestra pareja nos mira con ojos esperanzados y le decimos que la prueba de embarazo fue negativa. O que nos llegó la regla.
Es un dolor silencioso, del cual cuesta hablar. A veces siento que tengo una falla tan grande adentro mío, que prefiero que nadie se entere. Algo no me funciona y siento que fallo como mujer. Sin embargo, es bueno contarle a quienes nos desean sólo cosas buenas y nos pueden brindar un apoyo que no tiene precio en los momentos más difíciles. En mi caso, aparte de mi esposo, cuento con mi familia y con un par de amigas que siempre son capaces de subirme el ánimo.
Sé que las cosas suceden por algo. Que si no he sido bendecida con un bebé, es porque quizás no es el momento. Que algún día me tocará la dicha de quedar embarazada y tener un recién nacido entre mis brazos. Hasta entonces, tendré que armarme de paciencia. A todas quienes están en mi situación, sepan que no están solas.











