Lo Más Visto
El embarazo de la editora, parte 13: ¡Todo listo!
Se acerca a pasos agigantados el día en que con mi hijo nos miraremos a los ojos por primera vez. Debo confesar que hasta ayer, me invadía el nerviosismo y hasta me daba un poco de angustia. Pero algo cambió en mí y ahora estoy feliz.
Creo que es porque estoy lista. No hablo solamente de las cosas materiales. Como llevo mucho tiempo con contracciones y con la paranoia de que este bebé se quiere adelantar, su habitación está lista desde hace ya varias semanas: paredes pintadas, cortinas, cuna, ropa de cama… hasta su ropita está lavada y guardada. ¡Sólo falta él!
Nunca pensé que llegaría el momento en que sentiría que realmente más que ansiedad, tengo ganas de conocer a mi hijo y cuidarlo. Me asustaba mucho la idea de ser mamá, por más que este bebé ha sido muy esperado. Sin embargo, estoy aceptando de a poco la idea de que no podré ser nunca la mamá perfecta, que me voy a equivocar, que voy a tener días maravillosos y días terribles. Pero más que nada, asumí que nunca voy a estar más preparada de lo que ya estoy.
Dicen que las últimas semanas de embarazo se hacen eternas, más que nada por lo incómoda que está la futura madre. También es porque uno sabe que en cualquier minuto puede desencadenarse el trabajo de parto. Cada contracción motiva una mirada al reloj por si la siguiente viene muy seguido. Cada ida al baño implica revisar si se cayó el tapón mucoso o si se te está rompiendo la fuente.
Vives en una tremenda incertidumbre y cada mañana te preguntas ¿será hoy el gran día? Aparte que la gente te mira con cara de que vas a explotar en cualquier minuto o te llaman para preguntarte “¿Alguna novedad?”.
Yo estoy tratando de que eso no me pase. Encuentro que cada día que mi hijo pasa en mi vientre le hace bien y sólo me interesa que sepa que va a ser bienvenido cuando decida hacer su aparición triunfal. Cuando me preguntan mucho, sólo respondo diciendo “va a llegar pronto”. Pienso en que yo estoy incómoda, pero mi bebé también, por el poco espacio que tiene para moverse. Y confío en la sabiduría de D’os, que nos cuidará para que las cosas sucedan cuando tengan que suceder.
A pesar de todos los malestares y las precauciones, el embarazo se me ha pasado rápido. Hay cosas que me hubiera gustado hacer si hubiese tenido las energías, pero no me importan. Me imagino el momento en que tendremos con mi esposo a nuestro hijo con nosotros y la sonrisa no me cabe en la cara.











