Foto: Pixabay
Como papás podemos enseñarles que el lenguaje del amor no sólo es físico.

Besos o no besos

(TODO BEBÉ).-En qué momento los adultos nos sentimos con el derecho de abrazar y besar a los niños, y mucho más a niños que estamos conociendo por primera vez, creyendo que porque son niños podemos hacer las cosas sin considerarles antes. A nosotros los adultos nadie nos obliga a darle besos y abrazar a personas que no queremos, así que creo que nuestros hijos merecen exactamente el mismo respeto.

Habrá quien diga que forzarlos a dar un beso o un abrazo es educarlos, con lo cual difiero completamente. Educación es enseñarles a saludar diciendo hola, buenas tardes, o buenos días y enseñarles desde muy pequeños que ellos son los dueños absolutos de su cuerpo. Que si no se quieren dejar abrazar o besar por alguien, así sea por mi o su papá (mucho menos por un completo extraño que están conociendo por primera vez) está completamente bien.

Este respeto se aprende desde la infancia, y se los enseñamos nosotros como adultos con el ejemplo. Así que empecemos por respetarlos en todo momento.

Como papás podemos enseñarles que el lenguaje del amor no sólo es físico, sino que hay varias maneras de expresarlo, como bien lo dice Gary Chapman en su libro Los Cinco Lenguajes del Amor. A una de mis hijas por ejemplo le encantan las palabras de afirmación, así que muchas veces en lugar de darle un beso le decimos secretos al oído diciéndole lo felices que somos de ser sus papás, lo orgullosos que estamos de ella y lo mucho que la amamos. A la otra le gusta mucho más el contacto físico, le encantan los besos, abrazos y apapachos. Cada una tiene su forma de dar y recibir amor, y una forma no es mejor que la otra, solo diferente.

Podré ser exagerada pero la infancia de mis hijas si es una burbuja de amor, de respeto, de luz y de magia que quiero que se mantenga así el mayor tiempo posible. Y me parece crucial que desde muy pequeñas aprendan sobre sus preferencias y límites, que sepan tomar decisiones, especialmente sobre su cuerpo. Es de ellas y de nadie, absolutamente nadie más.

Así que cuando mis hijas no les quieran dar un beso, sepan que las estoy educando muy bien.

Por: Sofía Sánchez de Tagle

    Danos tu opinión