7 ejercicios para niños con ansiedad
Existen diversos factores que pueden provocar ansiedad en los niños: biológicos, familiares, sociales, personales y educacionales.

Siete ejercicios para niños con ansiedad

(TODO BEBÉ).- La ansiedad es un trastorno típico de esta sociedad. Todos en algún momento y en alguna medida la hemos sufrido, y los niños tampoco se libran de ella. A veces, se estigmatiza a un niño por su “mal comportamiento” sin profundizar en qué es lo que le lleva a portarse así.

Durante el desarrollo del niño

A partir de los siete meses de vida, puede mostrarse ansioso ante la presencia de extraños. Es la edad en la que empieza a discriminar entre las personas. Cuando comienza a andar, sobre el año o año y medio, siente ansiedad por la separación y no le gusta que sus padres se alejen de él. Hasta los ocho años, puede mostrar los miedos típicos: a la oscuridad, a los mayores, a animales, a monstruos, a payasos, etc. Hasta aquí, es la ansiedad normal propia del desarrollo natural.

La ansiedad se caracteriza por un excesivo miedo o preocupación sobre las circunstancias reales o imaginarias. Si este sentimiento paraliza al niño y se siente incapaz para realizar la acción que resuelva su problema, será cuando tengas que tomar medidas, ya que puede dificultarle su desarrollo personal y educativo. Tu función como madre es observar y hablar a tu hijo para averiguar las causas de su ansiedad.

Ejercicios y juegos para relajar

El dibujo o la pintura permiten a tu hijo expresarse con total libertad. Déjale un gran papel en blanco y ceras de colores o acuarelas para que haga lo que quiera. Incluso es mejor si dedicas una pared de la casa para esta actividad, o extiendes un gran trozo de papel de estraza en el suelo para que pueda pintar con sustancias gelatinosas directamente con sus manos. Los niños expresan sus sentimientos a través del dibujo libre.

Puedes enseñarle a tu niño a respirar con el diafragma, practicándolo a diario con él. Podrá utilizarlo en situaciones que le generen estrés. Tumbado boca arriba en el suelo, colócale una pelota sobre su estómago e indícale cómo debe respirar inflando la tripa en lugar del pecho. Hay que tomar aire por la nariz y expulsarlo por la boca, lentamente. Para que sea más entretenido, puede jugar a contar cuántas respiraciones tiene que hacer para tirar la pelota al suelo.

El juego de la tortuga es otra opción. Tumbados ambos boca abajo, llévale a imaginar que son tortugas. Hazle ver con los ojos de la fantasía su caparazón, sus patas y su cabeza. Jueguen a que el sol se esconde y a que tienen que recogerlo dentro de su caparazón. Despacio, irán escondiendo primero las patas delanteras, seguidas de las traseras y por último la cabeza. Respiren y hagan los movimientos inversos.

Con la carrera de caracoles, proponle competir ambos en una carrera, pero una muy especial. Todos los participantes (pueden colaborar el resto de miembros de la familia) son caracoles. Tu pequeño ya sabrá que los caracoles son animales muy lentos, por lo tanto, el ganador será el último en llegar a la meta. Este juego le sirve para desarrollar el autocontrol y frenar la impulsividad.

Una buena rutina para acabar el día es hacer juntos un repaso del día. Antes de acostar a tu hijo, siéntate con él y pídele que te cuente las cosas buenas que le han sucedido durante el día, todo lo bonito que ha vivido o presenciado. De este modo, le harás ver que, aunque a veces sucedan hechos desagradables, todos los días ocurren cosas maravillosas.

Mover el cuerpo al ritmo de la música es muy relajante para tu pequeño. Crea un ambiente propicio con luz suave y velas fuera de su alcance. Elige una música relajante y, descalzos, colóquense de pie uno enfrente del otro. Ve marcándole los movimientos, como distender los músculos de la cara, gesticulando exageradamente, y por partes (ojos y cejas, nariz, boca, mofletes). Después, haz lo mismo con el cuello, los hombros, los brazos y las piernas hasta llegar a los dedos de los pies para terminar danzando al ritmo de la música.

El juego de la nube consiste en contarle la historia de una nube que, flotando por el cielo, se perdió de las otras nubes. Como estaba sola y no sabía qué hacer, fue tomando diferentes formas: un pez, un jarrón, etcétera. Después, ante un bol de crema batida, pídele que imagine que él es esa nube que va cambiando de forma y que, con los ojos cerrados, vaya creando las formas que ve con la crema batida. Este ejercicio lo puede utilizar recordando las imágenes o imaginando nuevas en momentos de ansiedad.

Nuestro propio cuento. Se trata de crear entre los dos una historia. Comienzas diciendo tú una frase, como “Había una vez, en un oscuro rincón de un viejo y enorme almacén, un diminuto ratón”. La siguiente frase que continúe con la historia iniciada la tiene que decir tu niño. Así, una vez cada uno, inventarán su cuento mientras él olvida lo que le preocupaba o se desahoga poniéndolo en el relato.

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