Mamá sí, pero señora… ¡Nunca!
Al parecer sí soy una señora, simplemente no soy el estereotipo de señora que yo tengo en mi cabeza.

Mamá sí, pero señora… ¡Nunca!

(TODO BEBÉ).- Estaba llegando a la que fue mi universidad para un desayuno de trabajo cuando un estudiante se detuvo, me dejó pasar y me dijo “Pase usted, señora”, a lo que yo contesté con el gracias más seco del que fuí capaz.

Me sentí insultada porque me dijeran señora, yo que me creía (creo)  la muy jovial y que pensaba (eso sí ya es en pasado) que estaba igual a cuando era estudiante universitaria. Llegué muy indignada a contarle a mi esposo lo sucedido, pero lejos de reaccionar con sorpresa e injurios contra el atrevido joven me contestó de forma muy calmada: “Pues eres una señora, ¿qué esperabas?”

Esto me hizo despertar de mi sueño de juventud.

Al parecer sí soy una señora, simplemente no soy el estereotipo de señora que yo tengo en mi cabeza. Hay ciertos marcadores que para mí indican que una mujer ya es señora en todo el sentido de la palabra: son arbitrarios y nada objetivos, pero son las cosas que me cuido de no hacer:

  • A la hora de partir un pastel, primero cortarle un círculo en medio para que rinda más.
  • Traer un bolso gigante con juguitos, curitas y tempra, claro, además de todas las cosas que se traen en el bolso como celular, cartera, veinte tickets viejos y envolturas de chicle.
  • Usar luces rubias en el cabello cuando eres naturalmente de cabellera oscura, y siempre traer un lipstick de tono acoralado. De hecho creo que es un requisito después de los 40.
  • Usar saco y mocasines (aunque están muy de moda entre la gente joven, yo me siento toda una señora al usarlos).
  • Escandalizarse por la moda que utilizan los jóvenes actuales.
  • Tomar fotos con una tablet en lugar del celular.
  • Decir “te envié un twitter” en lugar de “Un tweet”, decirle a todos los mensajes de texto “mails” y referirse a las “selfies” como “selfish” a modo de chiste (ese lo hace mi marido)

Ok, lo admito, soy culpable de más de una de esas cosas de señora, pero en mi imaginación sigo siendo y viéndome igual de joven que cuando estaba en la universidad. En esas épocas pensaba que tener hijos era lo que te convertía en señora inmediatamente, pero cuando fui mamá no me sentí señora, me sentí una chava con un bebé. Actualmente siento que tener hijos en primaria te califica como señora, probablemente porque yo tengo recuerdos de las mamás de cuando yo tenía 10 años y en mi mundo eran señoras, seguramente ellas se sentían con onda y a la moda, de hecho probablemente lo estaban pero para un niño los adultos siempre vivirán en un mundo aparte que es aburrido y extraño.

Tengo que dejar de temer la vida adulta, la realidad es que aceptar mi “señoriedad” (me acabo de inventar el término) también me da muchas libertades que al ser una chavita es imposible acceder. Ahora tengo derecho a no saber qué está de moda y no soy juzgada por ello, puedo tomar alcohol cuando lo decido sin tener que recurrir a jueguitos de “shots”, no me da el patatús por irme a la cama a las diez de la noche en un viernes después de dejar una película a la mitad (de hecho es algo que difruto enormemente) y lo más importante de todo, puedo ser yo libremente porque me acepté tal y como soy, y no existe nada más liberador que la aceptación.

Así que díganme señora, ábranme las puertas y cédanme los asientos, he decidido ser feliz en la adultez… hasta que cumpla cuarenta o Lucas sea adolescente y él sea el joven y con onda, no sé cómo voy a manejar eso.

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