Juan Postiga

Profesión: papá preguntón

Cuando papá se vuelve loco… de amor

Cuando papá se vuelve loco… de amor

(ENTRAVISION).- No tengo 11 hijos como mi vecino (quien ya de entrada tiene todo mi respeto),  pero lo que he vivido con mis dos pequeños hijos, Emilio y Patricio, se los compartiré con gusto porque cuando lo platico, me olvido de todo, todo lo malo que me rodea y cualquiera nota lo mucho que me emociona. Las abuelas dirían: “se te ilumina la carita, hijito” (eso me lo imagino porque ya no me queda ninguna). Cuando lleguen sus hijos, entenderán cosas tan cursis como este post, querrán decir cosas como las que escribo hoy a la menor provocación posible. Se los apuesto. Porque si estás a punto de ser papá y estás más feliz que nunca y locamente enamorado de tu esposa, espérate. Eso no es nada. Pero no confundamos el amor por la pareja por el que sientes por el hijo que aún está en la panza de mamá.

Es difícil explicar un amor así, porque literal es indescriptible, pero lo intentaré, espero no caer en lo absurdo.

Amores por los hijos (primera edición, de 0 a 3 años)

Nivel 1

Empieza después del  “vamos a tener un hijo”

Se presenta en la emoción por ser papá, las ganas de consentir a tu pareja, la eterna espera por saber el sexo del bebé, los emotivos ultrasonidos (más aún cuando escuchas los acelerados latidos –“ojo remi, ya verás”), y, obviamente, la eterna espera por conocerlo.

Nivel 2

Lo descubren cuando nace el bebé. Ya te lo comes a besos, con cuidado porque lo ves tan frágil que te da miedo lastimarlo. De hecho, lo abrazas como para protegerlo (aunque esto lo harás toda la vida, creo).  En esos primeros días, te da ternura cuando llora y a veces te sientes un poco inútil porque no logras calmarlo y te sorprende cómo la mamá, es mágica: lo toca y lo calma.

Nivel 3

Llega un amor más intenso cuando el bebé deja de sólo dormir y pegarse al pecho de la mamá para comer. Ahora sonríe, estira la mano, juega, rueda en la cama… también ya come papilla, así que ya puedes darle de comer y eso es una muy buena experiencia.  Mamá te lo puede dejar todo el día. La conexión aumenta.

Ah, lo olvidaba, también sino lo haces bien, como el no cambiarlo o no darle de comer a sus horas, los chillidos podrían ser bastante intensos.

Nivel 4.

El amor de locura. La maravilla.

Si creen estar locos de amor en los primeros meses de sus hijos… eso no es nada. Esperen a escuchar “papá”.

A verlos correr hacia ti con los brazos abiertos.

A jugar en el parque y caerse al suelo con él (a la par de escuchar sus carcajadas)

A verlo correr en casa sólo con su pañal. Es tan simpática esa escena.

A jugar a las escondidas.

A correr con él al baño cuando te dice “pipí”.

A escuchar el primer reporte de cómo se comporta en la escuela.

A recogerlo en la escuela y ver la emoción que le dará verte.

A ir por primera vez al cine con él y disfrutar juntos unas ricas palomitas.

A sentir el dolor cuando mamá los regañe y tu no puedas hacer nada.

Espera a eso. Y verás que cuando estés en el trabajo querrás salir lo más pronto posible para jugar con él.

Verás que aunque estés cansado, se te olvidará cuando él quiera jugar contigo.

No querrás llevarlo a dormir aunque la mamá te diga que ya es hora.

No querrás dejarlo en la cuna, desearás que duerma en tus brazos.

Irás a verlos cómo duermen. Estirados, acurrucados, boca abajo, con las pompas paradas…

Cuando empiezan a correr y a hablar, es tan divertido, tan divertido que sí, literal te vuelves loco. 

Los quieres apretujar, yo, me los quiero comer, me dan tanta ansia que les doy un par de nalgadas cuando traen su pañal, que no les duele. Les digo, me vuelven loco.

NOTA: Las mamás todo el tiempo están en el nivel 4, ¿no les da envidia que nuestro amor es más interesante al tener diferentes intensidades? 😉

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Juan Postiga

Profesión: papá preguntón

Es un periodista que a pesar de que considera que está en la mejor etapa de su vida, como esposo, padre y en su vida laboral, tiene muchos cuestionamientos sobre las mamás, los hijos y su papel en la familia. Este espacio no sólo lo usará como desahogo a sus crisis existenciales, sino como un lugar donde podrá encontrar respuesta a las cientos de dudas que están surgiendo a la par del crecimiento de su hijo, que actualmente tiene año y medio, y del segundo embarazo de su esposa, que está entrando en el quinto mes. Por lo pronto, lo que más le preocupa es cómo dividirá el amor entre sus dos pequeños. Hasta ahora duda que sea posible y tiene miedo por ello.