Pamela Salinas Parra

La vida después del parto

Los bebés entienden todo, todo

Los bebés entienden todo, todo

Hay gente que cree que los bebés no son como las personas adultas, que son apenas seres humanos, me refiero a que algunas personas creen que no se estresan, ¿qué podría causarles estrés? o que son como plantitas a las que sólo hay que darles de comer, cambiar el pañal y esperar a que aprendan a hablar para “tener” una relación con los críos. ¡Nada más alejado a la realidad!

No voy a hablar de los estudios científicos que prueban y comprueban que desde el vientre materno hay infinidad de conexiones y formas para comunicarnos con nuestros bebés. Yo voy hablar de lo que he vivido.

Por supuesto que es maravilloso y divertido tener un niños mayores alegres y parlanchines que cuenta todo, desde hechos que vivió en la escuela, hasta sus ideas más locas o sus reflexiones más profundas como cuando al no poder quitarse el calcetín del pie izquierdo dijo, con un tono bastante molesto, “odio los calcetines del pie izquierdo”, yo le pregunté si sólo de ese lado y por qué, él me contestó contundente “sólo los del izquierdo, ¡porque los del pie derecho sí cooperan! Morí de risa como cinco minutos.

Sí, es súper divertido, pero cuando mi segunda hija tenía dos años no se quedaba atrás, aunque su pronunciación no era perfecta la forma de expresarse siempre fue la correcta, sabía pedir las cosas y las pedía por su nombre.

Por ejemplo, le encantaba ir al parque, entonces de pronto decía “alle” pero estaba lloviendo y era imposible salir, entonces le decía que no podemos ir al parque porque nos íbamos a mojar, le explicaba que los juegos estaban empapados, ella me miraba con cara de “mmm que mala onda” pero aceptaba mi explicación y ya sólo decía “alle no, egos mojar”.

Entonces me di cuenta de que entendía perfecto el concepto de mojar, juegos, agua, etcétera. Una vez pasó lo anterior y en lugar de explicarle le dije “ve por tus botas y vamos a la calle”, la chamaquita corrió a su habitación y trajo sus botitas rosas, se las puse junto con el suéter y nos fuimos a la calle.

En cuanto abrí la puerta del edificio el aire y la lluvia le dieron la bienvenida, ni bien pisamos la banqueta comenzamos a mojarnos e inmediatamente dijo “casa, casa”. Desde entonces la explicación fue suficiente.

Con la tercera, las cosas no son muy diferentes. Con ella es con quien he hecho este ejercicio más que con los otros dos.

Por ejemplo, Victoria tiene poca tolerancia a la sillita de comer, procuro no ponerla ahí salvo para comer, pero hay momentos en que necesito sentarla mientras hago el desayuno, porque como ya gatea no puedo dejarla no un segundo sin observación. Entonces me he dado cuenta que la forma en que le hable hace toda la diferencia.

Todas las mañanas estoy apurada, pero si yo hablo de mal modo, enojada e incluso con voz alta, la nena reacciona pésimo, se arquea, llora y a veces grita.

Pero si en lugar de enojarme y desesperarme, le hablo con voz baja como si le estuviera diciendo un secreto, me sonrío, le doy un beso cuando paso frente a ella, juego a “desaparecer/aparecer” tapándome con un plato, un trapo o lo que encuentre, la reacción es completamente diferente.

Ella sonríe, a veces se carcajea, juega conmigo, se pone alerta y así nos llevamos 10 minutos muy divertidos, sin llantos pero sin gritos, sin dramas de ninguna de las dos, y de pasada nos ponemos de buenas y nos reímos.

Si algo me ha quedado claro es que las niñas y los niños son, además de un reflejo nuestro, muy reactivos a nuestras acciones. Es decir, ellos no se sientan y piensan “voy a gritar y llorar para hace enojar a mi mamá”, más bien si están incómodos por alguna razón lo manifiestan y somos nosotras las mamás o papas o el adulto que esté a cargo, quien marca la pauta de cómo va a ser la interacción, somos nosotras quienes explotamos, gritamos y entonces comienza un círculo vicioso de enojos, gritos y dramas.

Lo mismo pasa en el mundo de los adultos, la diferencia es que como somos grandes ya no tenemos una autoridad que nos rija.

Por ejemplo, si nosotras estamos en un restaurante que no nos gusta (por las razones que sean) esperando a alguien y ese alguien no llega, nos vamos alterando entonces le llamamos y le preguntamos por qué no ha llegado y nos contesta “porque estoy ocupada, espérame”, apuesto a que primero exigiríamos un tono de voz más amable, después exigiríamos una disculpa por el mal trato e inmediatamente nos iríamos de ese lugar.

Bueno, pues igualito le pasa a los niños. Ya sé que muchos dirán “pues ni modo, hay veces que todos tenemos que aguantarnos”, entiendo que hay muchas situaciones donde no hay salidas cómodas, entonces yo digo “por lo menos seamos amables, divertidas y creativas para pasar esos momentos incómodos de la mejor manera posible con nuestros hijos.

Y ustedes ¿cómo le hablan a sus bebés?

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Pamela Salinas Parra

La vida después del parto

Hace ocho años me convertí en madre sin tener la menor idea de qué se iba a tratar todo esto. Desde entonces he recorrido un camino de cambios, dudas y aprendizaje intensivo sobre lo que significa ser mamá en estos tiempos. Tuve una cesárea, un parto natural con anestesia y un parto psicoprofiláctico en agua. Informar, ayudar y calmar a otras mamás en esta ardua labor del maternaje me llevó a convertirme en Doula postParto, porque ninguna mujer debería comenzar la maternidad en soledad.