Tejiendo redes
Entre un post y otro, esta Conejita incrédula se encontró ante el inevitable encanto de un círculo de mujeres. Esos que siempre me han maravillado, de los que aprendí la fuerza de mi energía femenina.

Tejiendo redes

Por Jossette Rivera

 

Siendo honesta, en mi bienaventurada soltería, emparejamiento y consecuente embarazo nada me daba la más absoluta flojera que las típicas mamás hablando de (obvio) hijos. Incluso una vez convertida en una bonita “Conejita Cabecita Blanca”, me daban repelús las mamás teniendo eternas discusiones entre prolactancia y las fanáticas de las mamilas, las que se manifiestan a favor del profiláctico, agua, doula e hipnoterapia y las que prefieren un parto conducido por un bonito ginecólogo tradicional, acostaditas, con la bendita epidural y que no se enteran del guateque hasta que les ponen al chiquillo en brazos.

 

Durante mi soberana vida he ido por allí predicando aquello de ‘vive y deja vivir’, he hecho lo que regaladamente me da la gana y esperaba, durante mi embarazo-parto-maternidad, seguir de la misma forma. Así que me dediqué a leer, escoger y practicar lo que más me convino en el momento.

 

Una vez con el Bebé Tortugo en brazos y no teniendo la más remota idea de si lo que leí, aprendí y repetí estaba bien hecho, hablé con una vieja amiga que –ante mis temores de mamá primeriza y viviendo lejos del Pueblo de Mis Orígenes – sin más dijo “te voy a sumar a un grupo de mamás”.

 

Sin poder rechazar la invitación me encontré siendo parte de las más de 1,500 mamás del grupo facebookero “Momzillas!”.

 

—¡Diablos! Pensé. Estaba a punto de pertenecer a un nuevo grupo de mamás hipsterosas de la Condesa que hablaban de carriolas dobles y sueldos para sus “muchachas”. Poco a poco prejuicios y mis orejas de peluche han tenido que doblegarse.

 

Entre un post y otro, esta Conejita incrédula se encontró ante el inevitable encanto de un círculo de mujeres. Esos que siempre me han maravillado, de los que aprendí la fuerza de mi energía femenina. Esos que me habían enseñado a nunca, por ningún motivo, repetir aquello de “mujeres juntas ni difuntas”.

 

Para los que no saben de qué hablo, cito poquito a la psicóloga Junguiana Jean Shinoda Bolen en el libro el “El Millonésimo Círculo:

 

Cuando las mujeres se unen y se comprometen unas con otras a pertenecer a un círculo, especialmente a uno con un centro espiritual, crean un canal de transformación para ellas mismas y un vehículo para cambiar el mundo (…)

La amistad entre las mujeres y los círculos de mujeres no son alianzas temporales porque los principios femeninos de crianza, mantenimiento y apoyo, entre ellas une a las mujeres en un círculo de hermanas”.

 

No voy a ponerme teórica, pero en unos cuantos meses he visto llegar respuestas inmediatas, generosas, tangibles a llamados de auxilio desesperados en medio de la noche, he visto posts brutalmente honestos de mujeres desesperadas y abrumadas frente a la maternidad –que fuera de contexto pondrían a temblar al papá más “machín”. Me he sentido identificada con decenas de preguntas absolutamente vitales (para mí) pero que sonarían irremediablemente estúpidas para el lector promedio.

 

No hay una jefa. Una administradora. Nadie censura, vigila o conduce.

 

Contrario a la tradición facebookera, no he visto un comentario agresivo, que minimice o ridiculice las ideas ajenas. No percibo el más mínimo juicio en las respuestas a las dudas infinitamente ingenuas de las participantes.

 

Leo nada más a mujeres que discuten, conversan, proponen y ponen sobre la mesa los temas más impredecibles con absoluta franqueza.

 

Y por si me faltaba algo para enamorarme de mi nuevo circulito, me sentí desbordada y con ojito Remi ante el espontáneo “Contingente Carreola” que llevó a varias de estas mamás a actuar –en serio- por Ayotzinapa y manifestarse con sus bebés por un país mejor para los hijos propios y ajenos.

 

Conozco personalmente a pocas. No distingo sus nombres y no sé si han leído a la Conejita de Indias pero nos cuidamos en serio, nos acompañamos, nos ayudamos a sanar, nos damos guía, sostén, las más cósmicas hablarían de luz, otras de mandalas y habrá quien hasta de Madre Tierra.

 

Yo que soy un poco más frívola y terrenal sólo estoy feliz de pertenecer a la distancia (y con la ayuda de mis dispositivos varios) a un círculo de mujeres que en su versión más ancestral haría que sintonizáramos hasta “nuestros días” (como diría La Coneja Abuela) en la misma fecha del mes.

 

En mi plan más feminista, les sugiero que busquen uno -un círculo de mujeres, de chicas, de ellas todas juntas.  Y lo siento por ustedes chicos, porque a nosotras nos basta sólo con lo que compartimos, la oportunidad –aprovechada- ser mamás.

 

(Playlist: Magia. Rosana (feat. Jesús Navarro de Reik)

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