Pamela Salinas Parra

La vida después del parto

Cuando tienes que decir “la mamá soy yo”.

Cuando tienes que decir "la mamá soy yo".

Las mamás no la tenemos nada fácil. Cuando fui mama por primera vez me di cuenta que  la maternidad no era como me la habían contado. A pesar de haber leído revistas y uno que otro libro y muchos artículos. Nada me había preparado para lo que estaba viviendo. Sin embargo, el instinto salió a flote y nos salvó de muchas potenciales catástrofes.

Lo que no fue tan fácil de aprender en esas primera semanas fue el tema de los límites. Sí, cuando nos convertimos en mamás, pareciera que también regresamos a la infancia o adolescencia, etapa en la que todo el mundo opina sobre el futuro de nuestra vida, en este caso, opinan sobre nuestro desempeño como madres.

A pesar de tener tres hijos, una de las cosas que aún no logro entender es ese fenómeno de intrusión total en la vida y crianza que ejercen las mamás primerizas apenas nace su bebé.

Es cierto que se necesita una tribu para crían a un niño, pero cuando hablamos de tribu nos referimos a una especie de red de contención emocional en donde las mamás podamos apoyarnos, expresaron, hablar de todo aquello que nos agobia y nos rebasa en el posparto.

La tribu es para empoderar a la nueva mamá con los conocimientos de otras madres para que ella pueda ir eligiendo su propio estilo de crianza. Sin embargo, a veces el apoyo se confunde con la idea loca de reemplazar a la mamá novata, bajo la premisa de que necesita ayuda para criar a su bebé y no sabe cómo.

Es probable que en efecto, las mamás primerizas no sepan todo lo que corresponde a la crianza, pero eso no significa, bajo ninguna circunstancia que nadie deba reemplazar su papel, por el contrario, un gran apoyo sería poner a su alcance información sobre cuidados, datos de doctores o especialistas para ser consultados.

Hace poco, al final de una de mis clases con embarazadas, una chica se acercó a preguntarme cómo le podía hacer para que su mamá no se metiera en sus decisiones, ella tenía le experiencia previa de ver cómo le había ido a su hermana cuando tubo a su bebé y que la mamá todo el tiempo quería tomar las decisiones como si ella fuera la madre en lugar de la abuela.

Aprender a poner límites a nuestros familiares nunca resulta fácil, y menos a nuestras mamás, esas abuelas que muchas veces nos salvan la vida, pero que también a veces nos llevan al límite de la tolerancia cuando se les olvida que ellas ya hicieron su propia experiencia.

Sé que no resulta nada sencilla la idea de tener que decirle a cualquiera de las abuelas que pues las mamás somos nosotras, que agradecemos mil su ayuda, amor y solidaridad, pero que las decisiones las tomamos nosotras.

Lo primero es hacerlo desde el amor, desde el entendimiento de que ellas lo hacen con la mejor intención y que ya han pasado muchas décadas de cuando a ellas mismas les tocó pelear su lugar como madres en este mundo, porque sí, se les olvida.

Así que nuevas mamás, respiren mucho, tómenlo con calma, y con su mejor cara y el mejor tono de voz que tengan, háganle saber a esas otras mujeres que nos quieren y quieren a nuestro hijos que cualquier cosa que quieran hacer, siempre, siempre deben consultarnos a nosotras, hasta el detalle que les parezca más insignificante

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Pamela Salinas Parra

La vida después del parto

Hace ocho años me convertí en madre sin tener la menor idea de qué se iba a tratar todo esto. Desde entonces he recorrido un camino de cambios, dudas y aprendizaje intensivo sobre lo que significa ser mamá en estos tiempos. Tuve una cesárea, un parto natural con anestesia y un parto psicoprofiláctico en agua. Informar, ayudar y calmar a otras mamás en esta ardua labor del maternaje me llevó a convertirme en Doula postParto, porque ninguna mujer debería comenzar la maternidad en soledad.