Tired Parents Cuddling Twin Baby Daughters In Nursery
A mí me ha funcionado de maravilla el establecer una rutina, que se ha convertido en una forma de poder darles a mis hijas lo mejor de mi. A veces soy tan apegada a esta rutina que muchos podrían tacharme de loca, pero amo mi obsesión

La manía de la rutina

Por Sofía Sánchez de Tagle

 

Cada familia es un mundo, y precisamente por eso sólo esa familia es la responsable de buscar y escoger lo mejor para ellos y para sus hijos, nadie más. Así que como una de mis amigas bien dice muchas veces el mejor consejo es el silencio. Hoy no les vengo a dar ningún consejo sino a compartir lo que me ha funcionado bastante bien (porque varias mamás me han preguntado cómo le hago sin ayuda viviendo en Estados Unidos con mis gemelas de 17 meses).

 

Le mejor opción definitivamente es la que te funciona y te deja tranquila. A mí me ha funcionado de maravilla el establecer una rutina, que se ha convertido en una forma de poder darles a mis hijas lo mejor de mi. A veces soy tan apegada a esta rutina que muchos podrían tacharme de loca, pero amo mi obsesión (y muchas mamás de gemelos que conozco coinciden con mi locura).

 

Hay muchas personas que no entienden porque todo mi día gira alrededor de la siesta de mis hijas y de los horarios estrictos a los que trato de apegarme; pero la verdad no me importa, lo que yo se es que cuando duermen la siesta en su cuna, en la comodidad del cuarto que conocen y adoran, en silencio y en paz, todo el día fluye maravillosamente. Ellas están de un humor increíble, despiertan con hambre y devoran lo que les pongo en frente, tienen energía para jugar toda la tarde y yo tengo dos horas o dos horas y media para hacer todo lo que ni se imaginan. Mis horas sagradas. A tal grado intento respetarles esta rutina que las visitas al pediatra, las salidas al parque y hasta los vuelos los hago alrededor de estos horarios de siesta y comida.

 

Para crear esta rutina la base ha sido tiempo, paciencia, respeto y demasiado cariño. Por supuesto que no logré tener una rutina durante los primeros seis meses de vida de mis hijas. Esos primeros meses fueron de muchísimo aprendizaje, de ir conociendo las distintas necesidades de cada una, de adaptarme a mi nueva vida de mamá de dos, de entender sus ciclos naturales y respetarlos para poco a poco ayudarles a coordinar sus horas de comida y sueño.

 

El establecer una rutina no significó dejar llorar a mis hijas para que duerman la noche completa (que muchísimas noches no lo hacen y terminan varias de éstas en mi cama) o dejarlas de abrazar, arrullar, besar y cantar cuando las pongo en su cuna. Significó ser constante con los horarios de comida, siestas y hora de dormir, que hoy veo como una bendición.

 

Me ha funcionado tan bien, que quince minutos antes de su hora de siesta ellas solas me hacen la seña de que quieren dormir. Para la siesta la única rutina que tengo es cambiarles el pañal para que estén secas y cómodas y acostarlas en su cuna con luz natural. En las noches después del baño hacemos siempre lo mismo:

  1. Les lavamos los dientes con una canción que ya empiezan a repetir
  2. Las ponemos en su cuna para dar gracias
  3. Cantamos un par de canciones (siempre las mismas que ya son sus canciones de la noche o mantras)
  4. Les damos un abrazo enorme, un beso y las acostamos recordándoles cuánto las queremos
  5. Ellas se despiden diciendo “night, night” (lo cual me hace derretirme de amor)

 

Toda esta rutina no dura más de 10 minutos, creo que lo importante no es cuánto dure lo que hagas o qué hagas sino la constancia.

 

Por supuesto que hay días que no se puede seguir esto al pie de la letra y nos relajamos, especialmente cuando viajamos, pero para mi ha sido una prioridad. Y así en la paz de la noche hay días que hasta tiempo me da de cocinarle a mi esposo y los otros (que son la mayoría) caigo rendida en espera de que alguna de mis hijas se despierte y mamá termine incómodamente dormida despertando junto a ellas.

 

 

 

 

 

 

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