niños gorditos
El sobrepeso y la obesidad se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud.

19 cosas que puedes hacer para evitar tener niños gorditos

 

Por Nonantzin Martínez

 

Hay niños que son gorditos desde chiquitos y aunque pensemos que son niños y van a crecer y a cambiar, esto puede ser un problema de salud. No son pocas las voces que alertan de una “epidemia de obesidad” en los niños, pues es un problema que ha crecido de forma significativa los últimos años. La prevalencia en todo el mundo, dice la Organización Mundial de la Salud, se ha multiplicado por más de dos entre 1980 y 2014, y estima que hay unos 43 millones de menores de cinco años obesos o con sobrepeso, algo terrible, porque un niño gordito nunca será feliz, ¡claro que no!, por el contrario, nos dice la nutrióloga clínica y deportiva Raquel Pérez de León, corre el riesgo de tener:

 

  • Mal rendimiento escolar. Cuando un niño no está bien nutrido, no rinde en sus actividades del día, se siente más cansado y no pone atención en clase.
  • Baja autoestima. Un pequeñito con sobrepeso está expuesto a burlas y a bullying por parte de sus compañeritos.
  • Enfermedades crónicas en la etapa adulta e, incluso, en la infancia: Diabetes tipo 2, hipertensión arterial, trastornos del aparato locomotor (como la osteoartritis), discapacidad en la etapa adulto y muerte prematura.

 

Y los padres tenemos toda la responsabilidad en ello, pues los hábitos alimentarios se forman en la infancia, y los únicos que se los pueden forjar correctamente somos nosotros, los adultos. ¿Qué deberíamos considerar para que nuestros hijos sigan una alimentación correcta?

 

  • Desde que son bebés, hay que vigilar su peso. Con ayuda del pediatra, en cada cita se verificarán peso y estatura y, con base en tablas de referencia, se evaluará si tiene o no un crecimiento adecuado. De ahí la importancia de la visita regular al médico.
  • En edad preescolar, el apetito disminuye en los niños. No hay que preocuparse de más porque es algo normal y transitorio, dice la nutrióloga Pérez de León, pues “tienen menor interés en el alimento y más en el mundo que los rodea”. Sin embargo, hay que estar atentos al posible desarrollo de “caprichos alimentarios”, como cuando no quieren comer alimentos que ya les gustaban o tienen fijación por un alimento particular en cada comida.
  • Ante esto, es conveniente darles porciones pequeñas en cada comida, y es mejor si lo hacen entre 5 y 6 veces al día, pues esto garantiza que cubran sus requerimientos de nutrientes.
  • Hay que evitar las temperaturas extremas cuando se sirven los alimentos. Sírvelos tibios, es más fácil que el niño los acepte así.
  • A veces, la comida es rechazados más el olor que por el sabor. Por ejemplo, es muy común que esto pase con las verduras cocidas.
  • Entre más atractivo sea el platillo, mayor será la aceptación. Hay que evitar platos mixtos o alimentos que se toquen entre sí en el plato; es mejor tener un orden: sopa, carne, verdura, todos, por separado.
  • La dieta de un niño debe ser variada, es decir, que incluya alimentos de todos los grupos: carbohidratos (frutas, verduras, tortilla, pan, frijoles, lentejas), proteínas (pollo, res, pescado, huevo) y grasas saludables (aguacate, cacahuate, aceite de oliva).
  • Hay que limitar la ingesta energética procedente de la cantidad de grasa total y de azúcares.
  • Es recomendable establecer horarios fijos de comida: desayuno, lunch, comida, refrigerio y cena siempre a la misma hora.
  • Es conveniente limitar, lo más que se pueda, los jugos naturales e industrializados y refrescos, por la gran cantidad de azúcar que contienen. Y hasta las aguas de fruta. Prefiere el agua natural.
  • Es muy importante preparar el “lunch” o refrigerio que se llevarán a la escuela. Aunque es más fácil darles dinero para que compren sus alimentos, es más sano que los papás se tomen el tiempo para elegir y preparar su comida.
  • Hay que vigilar el consumo de alimentos “chatarra”, pues no aportan nada a su nutrición. No hay que prohibírselos, pero sí deben aprender que son ocasionales.
  • Cocinar con poca sal también es importante; de hecho, las papillas de los bebés deben elaborarse sin sal ni azúcar, para que puedan conocer todo tipo de sabores y no se acostumbren a estos aditivos.
  • Aunque les cueste trabajo y no quieran desayunar, hay que formarles este hábito tan importante. Si no lo hacen, no rendirán bien en la escuela y terminarán comiendo “alimentos chatarra”.
  • Los niños deben comer la misma comida que toda la familia; no los consintamos haciéndoles comida especial porque algo no les gusta.
  • No hay que forzarlos a comer: que ellos decidan cuánta hambre tienen. Es mejor servirles poco y, si quieren más, que pidan más.
  • No usemos la comida como “premio o castigo”, mejor hablémosle de los alimentos como parte de un estilo de vida saludable.
  • No se debe comer viendo la televisión. Nuestros hijos deben aprender que la comida es un tiempo para disfrutar los alimentos.
  • Además de la alimentación, practicar un deporte ayuda a mantenerlos sanos, evita el sobrepeso, les forja una disciplina y aprenden a tener responsabilidad y esforzarse por lograr sus objetivos. Es mucho más fácil hacer ejercicio en la etapa adulta si en la infancia se fomentó el ejercicio. La OMS recomienda 60 minutos de actividad física periódica.

 

 

 

La nutrióloga

L.N Raquel Pérez de León

Twitter: @raq_nutriologa

 

    Danos tu opinión