Adriana Vera Orozco

La maternidad según Dada

La mamá más preocupona del mundo

La mamá más preocupona del mundo

 

Mis hijos tienen un cuento de Francisco Hinojosa que se llama La peor señora del mundo. La peor señora del mundo castigaba a sus hijos cuando se portaban bien y cuando se portaban mal. Les pegaba cuando sacaban malas calificaciones y también cuando sacaban dieces. Además, les daba de desayunar comida para perro.

 

En el cuento nunca se sabe por qué La peor señora del mundo es así, pero yo creo que no podía evitarlo.

 

Cuando escucho el título de ese libro, siempre me acuerdo que un amigo dice que soy La mamá más preocupona del mundo.

 

Antes pensaba que él era un exagerado (en la guardería de mi hijo un día me insinuaron que clasificaban a las mamás y que yo entraba en la categoría “relajada” y sí he conocido a un par de mamás que me ganarían el título con la mano en la cintura). Sin embargo, con los años me he ido fijando en mis actitudes y sí, creo que todo el tiempo estoy sufriendo por querer controlar absolutamente todo lo que está alrededor de mis hijos para evitar que algo les pueda pasar.

 

Entonces, como La peor señora del mundo, la Mamá más preocupona del mundo se preocupa si sus hijos están bien o están mal. Los observa obsesivamente si están sanos igual que si están enfermos. Además, se la pasa buscando peligros potenciales en las cosas más inofensivas, aunque por estar metida en sus manías se le estén pasando peligros reales.

 

Cuando mi primer hijo era un bebé, observaba su desarrollo llena de angustia. Temía que no aprendieran a sentarse, a gatear, a caminar, a hablar.

 

 

 

Ahora que tengo dos y ya tienen ocho y cuatro años, sufro cuando caminamos por las calles y pisan una tapa de coladera, aunque ésta esté bien colocada.  Temo que de alguna cochera salga un coche mientras ellos corren por la acera. Me apanica pensar que de pronto se puedan bajar corriendo la banqueta. Por lo anterior, suelo traerlos bien asidos de la mano, muchas veces apretando demasiado fuerte.

 

Si se suben a los juegos del parque, voy delante de ellos buscando que éstos no tengan rebabas que los puedan lastimar.

 

Vivo atormentada por que se puedan caer, ya sea desde uno de esos juegos del parque, o del balcón de un edificio.

 

Cuando están en la escuela y me llaman desde ahí, mi corazón se detiene unos segundos.

 

Si están enfermos no dejo de inventarme historias de terror hasta que los veo considerablemente mejor. Me levanto varias veces en la noche para ver que sigan respirando o que no estén hirviendo en fiebre.

 

Si tienen un accidente, por mínimo que sea, paso días observándolos y pensando todas las consecuencias que pudo o puede tener lo que pasó. Uso todas esas experiencias como referentes para “cuidarlos mejor” en el futuro.

 

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Y así como La peor señora del mundo, aunque mi comportamiento resulte irritante para muchos de los que me rodean, no puedo evitarlo. Trato de no externarlo (aunque se me note muchísimo) para no volver hipocondríacos a mis hijos, pero en mi cabeza lo sufro tremendamente.

 

De la misma manera en la que todos ven como una loca a La peor señora del mundo (porque pues sí, lo es), hay mucha gente que me ve como a una loca. Yo misma me veo como a una loca, pero no tengo ni cómo justificarme. Trabajo en esto constantemente pero todo es que pase algo, por mínimo que sea, para que sienta que se me sale el corazón.

 

Soy ansiosa, sí. No soporto llegar tarde. Me gusta saber qué va a pasar después. Nunca me ha gustado perder el control. Esa soy yo y la incertidumbre y adrenalina de la maternidad ha exacerbado estos sentimientos de intranquilidad.

 

Sin embargo, leí una nota en The Daily Mail en la que hablan de un estudio que encontró que las mamás primerizas y ansiosas corren al doctor 16 veces  (aparte de las revisiones mensuales) durante el primer año de vida de su bebé y que una de cada 10 corrió a Urgencias pensando que su bebé estaba inconsciente cuando solamente estaba durmiendo.

 

Yo nunca he hecho eso y quizás es gracias a que el padre de mis hijos es mucho más prudente y objetivo que yo. También contar con un pediatra que tiene toda la experiencia del mundo y no es alarmista ayuda muchísimo.

 

El estudio también habla de que las mamás nos relajamos cuando nuestros hijos tienen alrededor de tres años y medio.

 

Por eso si tú como yo, sufres “ansiedad materna”, te recomiendo respirar. Preocuparse es normal pero no ayuda de nada. En nuestra sociedad de mamás latinas ser mamá preocupona suele ser traducido a ser buena mamá, pero no es así. Al contrario, les hacemos muchísimo daño.

 

Los niños enferman. Los niños tienen accidentes. Las mamás los cuidamos y también tenemos distracciones. Además no somos todopoderosas y prácticamente nada depende de nuestro control.

 

La preocupación es un aspecto normal de la maternidad pero hay que buscar evitarla porque así como a nadie le cae bien La peor señora del mundo, a nadie le simpatiza La mamá más preocupona del mundo pero sobre todo, no ayuda a sus hijos. Es igual que estarles dando comida para perro y pobres niños, ¿no crees?

 

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Adriana Vera Orozco

La maternidad según Dada

Me llamo Adriana pero mucha gente me conoce como Dada. De niña soñaba con publicar algún día en el New York Times. A la fecha no lo he logrado, pero sí he escrito para Harper's Bazaar, Caras, Marie Claire, Casaviva, Women's Health, InStyle, Quién y Living de Martha Stewart. Desde el 2006 he tenido varios blogs, en 2007 me convertí en madre y hoy soy la editora en jefe de Todobebé, lo cual me permite combinar mis dos pasiones: la escritura y la maternidad. También me puedes leer en neceser.wordpress.com, un blog de maternidad y estilo de vida.