Pamela Salinas Parra

La vida después del parto

¿Por qué llora mi bebé cuando le doy la teta?

¿Por qué llora mi bebé cuando le doy la teta?

Lograr establecer una lactancia exitosa en los primeros días, no significa que nunca más vamos a tener problemas o dudas sobre este tema, si bien el primer contacto entra mamá y bebé es básico, es necesario saber qué otros “obstáculos” se pueden presentar en las siguientes semanas.

Una de las situaciones adversas que más enfrentan las mamás lactantes son las crisis o brotes de crecimiento, si bien cada bebé es único, estas etapas se presentan en, prácticamente, todos los bebés, lo que puede variar son las fechas.

La primer crisis en dos semanas

Mientras que al principio el bebé sólo busca estar pegado a la teta de mamá y puede llegar a succionar con desesperación, hacia los 17 o 20 días, sucede la primer crisis que se manifiesta con una actitud del bebé como de rechazo del seno, pareciera que deja de querer tomar la chichí o que simplemente ya no le gusta, algunos bebés incluso lloran a la hora de comer y tienen momento en que agarran y suelta la teta varias veces durante la toma.

Además, a estas alturas nuestros pechos dejan de estar inflados o llenos de leche, se produce un cambio en la producción y esto nos lleva a pensar que quizá “se nos está yendo” la leche. Sin embargo, lo que realmente está sucediendo es que los bebés necesitan aumentar la cantidad de leche que fabrica la madre y la única manera que tienen de hacerlo, consiste en multiplicar le número de tomas, es decir, literalmente, pegarse a la criatura al pecho durante tres o cuatro días de manera constante.

Una vez logrado el objetivo de aumentar la producción, el bebé volverá a hacer tomas más espaciadas y la lactancia retomará su curso normal.

Al mes

Y cuando pensamos que, bueno, hemos logrado superar todos los obstáculos posibles y estamos celebrando el primer mes de vida de nuestra pequeña criatura, se presenta la segunda crisis de crecimiento.

El objetivo de esta crisis es el mismo que el de la primer crisis, aumentar la producción, puesto que el bebé ha dejado de ser un recién nacido y su organismo necesita aumentar la ingesta de alimento para seguir duplicando su talla y peso.

De manera instintiva el bebé sabe cómo lograr este objetivo y vuelve tener tomas erráticas, a pedir le pecho y soltarlo apenas se pega a él, a llorar, arquearse, etcétera, y por lo  tanto a pedir comida cada hora. A veces, algunos bebés incluso llegan a jalar la teta, en lugar de soltarla, cosa que puede lastimar a mamá.

Algunos estudios indican que en este momento sí cambia la composición de la leche, incluyendo su sabor que pareciera que se vuelve un poco más “salada” y esto podría no gustarle a los bebés.

Esta crisis puede llegar a durar hasta siete días, una vez superada, la lactancia retomará su curso normal.

El primer trimestre

Muchas mamás que se aferran a la lactancia logran superar las dos primeras crisis, sin embargo la más fuerte llega a los tres meses, y aquí la situación cambia drásticamente porque muchas llegamos a creer que ahora sí la leche se nos fue y entramos en estados de angustia.

Para estas fechas, nuestros senos están completamente de vuelta a su estado normal, no queda rastro de esos momentos en que aumentamos tres tallas de bra y escurríamos ríos de leche, por si esto no fuera poco, a diferencia de las primeras crisis, en esta nuestro bebé pareciera no querer o necesitar tantas tomas como al principio.

Otros síntomas de esta tercer crisis son:

  • El bebé que antes se mostraba encantado de pasar largo rato pegado al pecho ahora tiene tomas de muy pocos minutos.
  • El bebé hace tomas caóticas, se distrae con cualquier ruido o cosa que llame su atención y a muchas veces comienza a llorar al poco rato de haber empezado la toma.
  • El bebé deja de subir de peso como venía haciéndolo, lo cual es totalmente normal pero esto puede reforzar la sensación de que se queda con hambre.
  • Algunos bebés comienzan a chuparse el dedo o la manita completa, y esto hace pensar a las mamás que en efecto la criatura está pasando hambre, pero no es así. Esto de chuparse el dedos es una manera de autocontrolarse y calmarse.
  • Dado que las tomas disminuyen, también se reducen las deposiciones del bebé, incluso algunos bebés pueden pasar días sin hacer popó. Esta situación suele reforzar la idea de las mamás de que ya no estamos produciendo toda la leche que nuestro bebito necesita.

Todo lo anterior hace que esta crisis sea un punto de quiebre en muchas lactancias y que se comience la alimentación suplementaria. La sensación de rechazo y de falta de leche se apodera de la madre, aunque en realidad lo que está ocurriendo es perfectamente superable si se entiende y se maneja de forma adecuada.

A partir de los tres meses se producen grandes cambios en el cerebro de los bebés, las conexiones neuronales se multiplican a toda velocidad y su inteligencia, cada vez más desarrollada, les abre un mundo de sensaciones. Hasta los tres meses, su sentido de la vista y el oído es limitado, inmaduro y goza de una funcionalidad reducida.

A partir de los tres meses, la visión mejora de manera espectacular y empiezan a ver más allá de la cara de su madre, por lo que se distraen por cualquier cosa a la hora de mamar. Y con el sentido del oído pasa lo mismo: si alguien entra en la habitación y habla, si la tele hace ruido, si pasa una ambulancia por la calle, el bebé se distrae con mucha facilidad.

Todo esto tiene una explicación lógica, por supuesto que las mamás tenemos leche suficiente y la capacidad para fabricar toda la que nuestros hijos necesiten. Lo que sucede es cuerpo materno es muy sabio y modifica todo el sistema de producción de leche para optimizar el proceso.

Ahora la glándula mamaria está preparada para fabricar la leche en el momento que el niño la requiera, y el cuerpo tarda sólo dos minutos en desencadenar el reflejo de eyección y dejar salir la leche para proveer al niño de toda la leche que le hace falta.

Además a los tres meses los bebés son expertos en el arte de la succión, y en una toma de escasos minutos pueden extraer toda la leche que necesitan. Pero, lo cierto es que a los bebés

les molesta este cambio en el que pasan de tener leche ni bien se pegaban, a tener que esperar a que la leche salga un par diminutos después de estar succionando.

Por todo lo anterior es importante pedir ayuda a una experta que nos dé esta información y además nos apoye emocionalmente para superar todas y cada una de estas etapas en favor de nuestros bebés.

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Pamela Salinas Parra

La vida después del parto

Hace ocho años me convertí en madre sin tener la menor idea de qué se iba a tratar todo esto. Desde entonces he recorrido un camino de cambios, dudas y aprendizaje intensivo sobre lo que significa ser mamá en estos tiempos. Tuve una cesárea, un parto natural con anestesia y un parto psicoprofiláctico en agua. Informar, ayudar y calmar a otras mamás en esta ardua labor del maternaje me llevó a convertirme en Doula postParto, porque ninguna mujer debería comenzar la maternidad en soledad.