Pamela Salinas Parra

La vida después del parto

Cuando tiene dos años y todavía toma chichi

Cuando tiene dos años y todavía toma chichi

 

La verdad nunca pensé que llegáramos hasta este punto y no puedo evitar sentirme como mamá primeriza.

Resulta que cuando nació Victoria, una de mis principales metas, era volver a lograr una lactancia exclusiva de seis meses y luego llegar hasta el año, como lo habíamos logrado con Paula, un par de años antes.

De hecho, pensé que sería exactamente igual que con su hermana, quien a los ocho meses comenzó, por primera vez, a tomar biberón, siempre con mi leche. Una vez más aprendí que cada hija o hijo son absolutamente diferentes, porque Victoria simplemente jamás aceptó una mamila, con ninguna leche, ni de fórmula ni de vaca ni de almendra ni de avena, ni con la mía.

Al principio no me preocupé mucho, todavía tenía enfrente el tema de la introducción de alimentos sólidos, así que dejé pasar el tema. Incluso cuando tenía casi nueve meses tuve que meterla unas horas a la guardería para poder prepararme para un examen muy importante para mí.

Aprovechando la guardería de nuevo traté que tomara en mamila. Volvimos hacer todos los intentos posibles, su maestra y yo, pero nada logramos. Incluso probamos con las aguas de sabor que dan a la hora de la comida y nada.

Durante casi un año en distintos momentos seguí tratando de que mi bebé aceptara tomar leche en otro recipiente que no fuera mi chichi, pero jamás lo logré. Mi niñita prefirió tomar cualquier tipo de bebida en todos los envases posibles, mientras yo no estuviera cerca en lugar de usar el biberón. De hecho pasó de la chichi a los vasitos entrenadores y al popote, directo.

Después de desperdiciar onzas de leche materna dejé de intentar con la mamila como al año y medio. Entonces pensaba que conforme cumpliera más edad, solita se destetaría. Durante meses celebré que no iba a tener que lidiar con quitarle el biberón, como en ese momento me encontraba haciéndolo con su hermana grande.

Y pues así llegamos a los maravillosos, únicos e increíbles dos años de Victoria tomando leche materna sin la menor intención, por su parte, de dejarla. Oficialmente estamos ya en lo que se conoce como Lactancia Prolongada, según la categoría de la Organización Mundial de la Salud.

Confieso que aunque soy educadora de Lactancia, asesoro a nuevas mamás cuando nacen sus bebés, les enseño la técnica del agarre correcto, me he certificado como Dobla Posparto y que es mi segunda hija que he lactado, rebasar los dos años de lactancia a veces me desconcierta un poco.

Que quede claro que no me molesta, de hecho ni siquiera me ha detenido para hacer un montón de cosas como salir por las noches, pasar una noche lejos de la nena o incluso viajar. Las tomas se han vuelto espaciadas y reducidas.

Para cuando cumplió dos años, tomaba algo así como cuatro veces al día, y por las noches, seguíamos igual, las veces que fueran necesarios. Poco a poco estos números han cambiado, ahora ya sólo toma al dormir y una vez en la madrugada. En las mañana ya no pide y sabe que ya tampoco le doy teta en los taxis o cuando nos subimos al auto.

De hecho las tomas antes de dormir no duran más de dos o tres minutos en cada teta y listo. Me queda claro que más que leche es la succión lo que le da calma y le permite volver a conciliar el sueño.

Algunas personas me preguntan si todavía sirve mi leche, es entonces cuando recuerdo porqué le sigo dando teta a mi hija: para empezar la leche materna SIEMPRE SIRVE, la leche humana va cambiando según los requerimientos de la criatura, así que mi leche ahora tiene una menor cantidad de grasa que la de hace dos años, tampoco ya no tiene tanta azúcar como la que necesita un bebé recién nacido.

La maravilla de leche materna es que es un alimento vivo, y continúa teniendo prebióticos que ayudan a la flora intestinal y muchas otras proteínas que a mi hija le sirven y mucho, tan es así que a pesar de que toma mucho menos de mi leche. La nena se ha enfermado dos veces en lo que va del año, a principios de año le dio una irritación en las vías respiratorios que el homeópata le curó en dos días con los chochos adecuados. Porque no fue gripa, vamos ni siquiera tenía la garganta inflamada, sólo un día no fue a la escuela y listo, como nueva mi chamaquita.

Y la segunda fue hace poco que le se puso malita del estómago y se recupero en unos días sin mayor problema. Nada de fiebres, mocos interminables o tos eterna. Incluso, hace dos meses que fue a revisión con la pediatra,  salió toda feliz de que la doctora le dijera que estaba sana, en talla y peso para su edad. A mi me dijo que si no se había enfermado en todo este tiempo, era en buena medida por la leche materna.

La verdad no tengo idea de hasta cuando llegaremos juntas por este camino, es cierto que su vida ya no depende de ello, pero también es cierto que ella sigue necesitando ese contacto en particular, Victoria es una nena muy inteligente que tiene claro que es la menor de sus hermanos y a pesar de ser la más autónoma de los tres, de alguna manera me ha hecho saber que mamá es un asidero fundamental para su desarrollo emocional.

Es curioso como mucha gente cree que dar teta por tanto tiempo es fomentar la codependencia con los hijos, es esclavizarse, es querer tenerlos pegados, incluso nos acusan de ser nosotras las que no podemos soltar a nuestros bebés, pero resulta que ella es la primera en salir de casa feliz, desde antes de cumplir los dos años aprendió a subir las escaleras del edificio sola sin una mano que la ayudara, y hace poco más de un mes nos separamos con cinco días, cuatro noches y la nena sobrevivió perfectamente sin teta.

Junto con sus hermanos, cada 15 días se quedan en casa de su papá dos noches seguidas y la nena puede dormir perfectamente sin la chicha, y cuando regresa y me ve la vuelve a pedir. ¿Codependencia?

Me queda muy claro que el alimento, más que para su cuerpo, es para sus emociones y sé que cuando ella esté lista, lo dejará, ¿cuándo será? No lo sé, pero les contaré cuando suceda.

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Pamela Salinas Parra

La vida después del parto

Hace ocho años me convertí en madre sin tener la menor idea de qué se iba a tratar todo esto. Desde entonces he recorrido un camino de cambios, dudas y aprendizaje intensivo sobre lo que significa ser mamá en estos tiempos. Tuve una cesárea, un parto natural con anestesia y un parto psicoprofiláctico en agua. Informar, ayudar y calmar a otras mamás en esta ardua labor del maternaje me llevó a convertirme en Doula postParto, porque ninguna mujer debería comenzar la maternidad en soledad.