Pamela Salinas Parra

La vida después del parto

Lactancia del terror

Lactancia del terror

Hay mamás que tienen la firme convicción de amamantar a sus hijos, que desde el embarazo se ven a sí mismas lactando contra viento y marea, son fans, por decirlo de alguna manera de LM.  Sus razones son variadas, las más claras, porque es el mejor alimento para un bebé, por el vínculo, porque es lo natural, porque ellas disfrutan haciéndolo, y un montón de motivos, además la promueven, la presumen y van por el mundo con una teta de fuera sin problemas.

Hay otras, que no están tan convencidas, pero se esfuerzan con todas sus fuerzas por establecer una lactancia exitosa aunque no sea algo que les provoqué tanta emoción como a las primeras. Su motivación, básicamente, es porque es el mejor alimento para el bebé, porque lo dice la Organización Mundial de la Salud y punto.

Pero hay común denominador que une a estos dos tipos de mamás lactantes, las opiniones en contra de su empeño por alimentar a sus bebés, las miradas inquisitorias cada que sus bebés vuelven a pedir pecho a las dos horas o menos después de la última toma,  y por supuesto los interminables comentarios al respecto de su producción de leche, de la calidad de la misma, y así hasta el infinito.

Es impresionante cómo es que todo el mundo, y por todo el mundo me refiero desde el viene viene, hasta la señora del súper, pasando por la vecina, la amiga de la amiga, que se vuelven expertos, qué digo expertos, expertísimos en Lactancia Materna apenas ven a una mamá con bebé en pecho.

Vamos, hasta algunas enfermeras de ciertos hospitales, quienes jamás han tenido ni un un hijo se atreven a decir cosas del tipo “uuuuuuy no, con esos pezones no va a poder alimentar a su bebé, los tiene planos”. ¿Cuántos cursos de lactancia tomaron? ¿Quién les instruyó sobre la forma “perfecta” de los pezones para tener una buena lactancia?

Podría seguir y seguir con mis preguntas, porque la verdad es que cada que una mamá llama llorando diciendo que le dijeron que su leche no servía, me dan ganas de irles a quitar el título de expertos en lo que sea que son expertos.

No es mi trabajo convencer a nadie sobre la Lactancia Materna y sus ventajas, pero si una mamá, por los motivos que sean, está esforzándose a más no poder por alimentar a su hijo con la teta, DÉJENLA en santa paz, no es mucho pedir.

Sólo hay que abstener se hacer comentarios como “tú leche es muy ligera y no lo llena”, no señoras y señores, la leche materna tiene la composición perfecta para cada bebé, incluso hay estudios que indican que una mamá con anemia produce la leche “ideal” para su hijo. En este caso, la mamá es la que estaría comprometiendo su salud, y es a quién habría que alimentar más y mejor, pero el alimento del bebé no es de menor calidad.  Así de maravilloso es el cuerpo humano y su programación genética desde hace miles de años.

La leche materna no es sólo proteína y grasa, indispensables para la superviviencia de un bebé, además de eso, tiene glucosa, nucléotidos y  aminoácidos, ESENCIALES para el desarrollo del cerebro del bebé. Así que no sólo se trata de que gane peso y talla, también necesitamos que su desarrollo cerebral sea óptimo.

Establecer una lactancia en estos tiempos “modernos” puede llegar a ser un verdadero asunto de miedo con tanto bombardeo y presión sobre las mamás (repito, por los motivos que sean) que se aferran a la lactancia materna. Hay mamás que llaman pidiendo ayuda, a veces sólo, porque “tengo miedo cada que se acerca la hora de la teta”.

Ya bastante tienen con aprender el agarre correcto, superar las grietas que provocan los primeros días, tener un bebé que llora cada que lo separan de su mamá, como para que además vivan en el terror cada que alguien hace un “comentario” sobre la lactancia ajena. Habiendo tantos temas posibles, la lactancia no debería ser uno que sirva para hacer sentir mal a las mamás que lo intentan con todas sus fuerzas.

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Pamela Salinas Parra

La vida después del parto

Hace ocho años me convertí en madre sin tener la menor idea de qué se iba a tratar todo esto. Desde entonces he recorrido un camino de cambios, dudas y aprendizaje intensivo sobre lo que significa ser mamá en estos tiempos. Tuve una cesárea, un parto natural con anestesia y un parto psicoprofiláctico en agua. Informar, ayudar y calmar a otras mamás en esta ardua labor del maternaje me llevó a convertirme en Doula postParto, porque ninguna mujer debería comenzar la maternidad en soledad.