Pamela Salinas Parra

La vida después del parto

Las emociones después del parto

Las emociones después del parto

Todavía recuerdo con absoluta claridad estar arrullando a mi bebé de un par de semanas, en pijama, sin bañarme, con el cabello amarrado en un chongo mal hecho, cero maquillaje, frente a la ventana, mirando a las mujeres pasar en tacones, bien pintadas, algunas con traje sastre y a los hombres con traje.

Las autos pasaban y pasaban, los estudiantes con sus mochilas pesadas y riendo a carcajadas sin ninguna preocupación mayor en la vida que disfrutar ese momento.

Yo en cambio me había quedado suspendida en el tiempo, dentro de una burbuja que flotaba en ese mundo pero sin ser parte activa del mismo.

¿Cómo podía el mundo seguir girando sin mi ahí si además había sucedido algo tan trascendental como haber tenido a mi hija? ¿O cómo podía yo haber entrado a otra dimensión sin darme cuenta? ¿Cómo?

Me sentía feliz de haber parido. Me sentía tranquila de poder darle lactancia exclusiva a mi hija. Pero, también me sentía a abrumada, aislada, cerca y lejos del mundo exterior al mismo tiempo.

Lloraba, a veces de miedo, a veces de agobio y sí, sentía que nadie podía comprender lo que me pasaba “cómo era posible haber logrado todos los objetivos físicos y fisiológicos y al mismo tiempos sentirme perdida”, y entre más me lo decían, me sentía más chinche, me sentía defectuosa, me sentía inadecuada.

Como todo, en la vida, el tiempo fue el mejor aliado, la bebé fue creciendo y mi tristeza posparto se fue diluyendo, nunca quise asumir una depresión, me resultaba demasiado demoledor ese diagnostico. Sin embargo, hoy, años después y gracias a toda la preparación que he tenido como asesora posnatal (Doula PosParto),  no sólo he logrado entender ese proceso, sino que también he aprendido a sentirme menos mal por no haber disfrutado al cien esa etapa.

A veces quisiera volver el tiempo y dejarme llevar por ese mar de locura que es la cuarentena, sus subidas y bajadas emocionales, hoy que me toca estar enfrente de otras mamás que se sienten así, me doy cuenta que la mejor manera de superar ese proceso es dejar de pelear contra él.

Hace un mes comencé a ver a una mamá un día después de que nació su bebé, inicialmente fue ayudar con la lactancia y aclarar dudas, con el paso de los días y las semanas, nuestras conversaciones fueron sobre sus emociones, ella les llama “oleadas de ansiedad y angustia”, han sido semanas de apoyarla, de decirle que es normal, que está bien sentirse así, que tener en brazos una vida que depende de nosotras al mil por ciento no es asunto menor, que sí es agotador,  le he dicho que va a pasar, que entre más lo quiera contener o detener o evadir menos lo va a lograr.

Han pasado casi cuatro semanas y leo en los mensajes que ya se siente mejor, que ya hay días que no siente las oleadas, que ya sale a caminar con el bebé, que ya sale a vistas cortas a ver algunas amistades. Siento una profunda emoción de saberla bien, más en paz, más tranquila consigo misma, más confiada en su instinto y en su propio poder de mamá.

Las emociones que nos invaden y nos rebasan después de tener un bebé son normales e incluso, hay quienes dicen que son necesarias para poder conectar con nosotras mismas y al mismo tiempo con nuestros bebés. Lo que puede hacer una diferencia en superar o transitar esta etapa es la posibilidad de tener con quién hablarlo, alguien que simplemente escuche nuestros agobios sin menospreciarlos, sin juzgarlos, sin burlas, pero tampoco sin hacer bromas, sin hacer dramas.

Lo he dicho y lo repito, convertirse en mamá no es sólo parir al bebé, de mucha maneras nosotras también nacemos y ninguna mujer debe pasar esta etapa en soledad, se necesita una tribu o por lo menos una persona que sea nuestra caja de resonancia para poder liberar todas las emociones que nos cruzan la cabeza cuando nace nuestro bebé.

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Pamela Salinas Parra

La vida después del parto

Hace ocho años me convertí en madre sin tener la menor idea de qué se iba a tratar todo esto. Desde entonces he recorrido un camino de cambios, dudas y aprendizaje intensivo sobre lo que significa ser mamá en estos tiempos. Tuve una cesárea, un parto natural con anestesia y un parto psicoprofiláctico en agua. Informar, ayudar y calmar a otras mamás en esta ardua labor del maternaje me llevó a convertirme en Doula postParto, porque ninguna mujer debería comenzar la maternidad en soledad.