Adriana Vera Orozco

La maternidad según Dada

5 razones por las que no quiero que mis hijos celebren Halloween

5 razones por las que no quiero que mis hijos celebren Halloween

 

He hecho “el numerito” de Halloween con mis hijos durante 7 años. Los primeros tres únicamente con el mayor, y el cuarto año mi bebé de 3 semanas iba con nosotros vestido de tierna calabacita arrancando suspiros a su paso.

 

Nadie puede decir que no he hecho mi mejor esfuerzo ( si una recién parida sale a pedir Halloween con su hijo antes de terminar la cuarentena, no me pueden decir que no le he echado ganas).

 

En estos años he tallado calabazas…

calabazas

 

He decorado de manera por demás tétrica el exterior de la casa, sacando de la covacha props tan horroríficos como esta muñeca:

muñeca

 

He inventado disfraces (el primer Halloween en el que mi primogénito ya caminaba improvisé una momia… otro año lo resolví con una tela translúcida que lo hacía ver como un fantasma de verdad):

 

 

fantasma

 

 

Y aunque ellos lo han disfrutado, yo lo he sufrido, antes y después.

 

Es muy probable que la mayoría de la gente lo viva de manera distinta, y quizás algunas de las circunstancias en las que lo celebramos nosotros es lo que lo hace más complicado, pero gracias a eso he reflexionado en torno al tema.

 

Verán: el condominio en donde damos y pedimos Halloween exige una serie de requisitos que vuelve el asunto un tanto complicado. Para pedir dulces es solo natural que también haya que dar, y la cantidad de niños a la que hay que dar es abrumadora (digamos que son, literal, cientos de niños los que tocan a la puerta).

 

Para repartir dulces además hay que decorar la casa, todas las casas entran en competencia de la mejor decoración (y aunque uno no pretenda ganar, si uno no le echa muchas ganas, la propia acaba dando un poquito de pena ajena). Acá algunos ejemplos de lo que hablo:

 

casa1

 

 

Screen shot 2015-10-14 at 10.41.55 PM

 

casa2

 

Todo lo anterior requiere tiempo y dinero (mucho de los dos).

 

El tema de los disfraces también se torna muy competitivo…

jack

 

 

Cada que digo que me gustaría que mis hijos no participaran en esta celebración este año, la gente me tacha de loca, me regaña y me cuestiona. Sin embargo, yo tengo muy claros mis motivos y se los cuento a continuación.

 

Este año me gustaría saltarme este festejo por:

 

1- Los dulces

En serio, debemos reflexionar acerca de la cantidad de golosinas que damos a los niños en las celebraciones. Está bien que una fiesta sea la ocasión para el exceso (al final, ¿no es lo que hacemos los adultos?). Sin embargo, ¿han visto los COSTALES de dulces que juntan los niños cuando van a una fiesta infantil?  Bueno, pues eso se triplica en Halloween. Por supuesto no se los damos todos. ¿Qué pasa entonces? Hacen berrinche. Los ocultamos pero los encuentran. De pronto uno no sabe ni de dónde aparece una paleta o un caramelo y ya lo están comiendo en la hora menos adecuada.

Mucha gente dice que se pueden regalar a los niños pobres, pero esa es una idea con la que no comulgo. Los dulces pican los dientes. Los niños de escasos recursos no suelen tener ni buenos hábitos ni manera de ir a un dentista. ¿Por qué les haríamos algo similar?

Siempre se pueden tirar a la basura, a pesar de que cuando uno compra para dar, sabe lo que cuestan (y no son baratos). Entonces, ¿no es mejor no ir a pedirlos en primer lugar?

 

2- Los dulces

No, no me equivoqué, estoy volviendo al punto de los dulces. Hay de dulces a dulces. Existen caramelos, chocolates y confites. Lamentablemente también hay un montón de cosas que no son más que colorantes, azúcar y quién sabe cuántos más ingredientes químicos que hacen mucho daño a la salud y a la conducta de los niños.

No tendría nada en contra de que mis hijos recibieran y comieran chocolate de verdad. Lamentablemente ese sale muy caro como para repartir a cientos de niños, entonces lo que suelen recibir es un “dulce con sabor a chocolate”, que es pura grasa y azúcar. Además sucede que entre las toneladas de golosinas que recopilan, reciben dulces caducos. No es mala voluntad, simplemente es raro que la gente se preocupe por ver si los dulces que están regalando todavía están en buenas condiciones, o si son adecuados para el niño que los recibe (¡los caramelos son un riesgo latente de atragantamiento para menores de 5 años!).

Teniendo conciencia de todo esto, cuando me toca a mí repartir unas 200 piezas de algún treat adecuado para cualquier edad, que sea de calidad, hace que me duela no el codo, sino el bolsillo y el presupuesto familiar. Hacerlos resulta impensable por la cantidad (¿hornear 2oo galletas o hacer la misma cantidad de bolsas de palomitas de maíz? No, gracias). Lo peor es además que, cuando he optado por comprar cosas buenas de las cuales por supuesto doy solamente uno por cabeza, los niños ponen cara o hacen comentarios que me dejan ver que piensan que soy una tacaña falta de imaginación.  No hay forma de ganar.

 

3- Los disfraces

A ver, es Halloween, es decir, Día de brujas. ¿Entonces por qué por todos lados veo princesas y superhéroes, personajes de películas de Disney y otros atuendos incomprensibles?

¿No se trataría de ver brujas y vampiros por doquier? Sin embargo, éstos suelen ser menos populares cada año. Y cuando llego a ver algo que sí pretende ser terrorífico, definitivamente no es apto para menores de 16.

Por si eso fuera poco, los disfraces son carísimos, incómodos (después de que por fin se los compraste, ya no lo quieren usar) y claro que nunca van a querer el del año anterior. De nuevo, no me considero tacaña, pero realmente no creo que necesitemos gastar tanto para que si nos va bien lo usen un par de horas y que luego no quieran volver a usarlo más. Por eso trato de ponerme creativa, pero se me están acabando las ideas (y como les digo, también las ganas).

 

4- La sobreexcitación

Azúcar, colorantes, desvelo, estímulos como luces, sustos e imágenes de insectos, monstruos y sangre que se quedan en las cabecitas de los niños esa y a veces muchas noches más.

¿Queremos someterlos a eso? ¿Para qué?

 

5- La tradición de Día de Muertos

 

Si uno no se complica tanto la vida como yo y no tiene tanto prejuicio al respecto, Halloween puede ser divertido, de acuerdo. En especial cuando los niños son más grandes. Sin embargo, el Día de Brujas no tiene nada que ver con nuestra cultura. Es algo que hemos adoptado y está muy bien aprender distintas costumbres, pero teniendo una tradición tan rica y disfrutable como la del Día de Muertos, sigo sin entender qué hacemos celebrando Halloween con nuestros hijos.

 

La celebración del Día de Muertos y poner una ofrenda, no solo los deja conocer lo mejor de su herencia en cuanto a idiosincracia, cocina y cultura, sino que además les permite conocer más acerca de sus anteapasados. En casa disfrutamos muchísimo poner cada año una ofrenda que tratamos que sea distinta a la del año anterior de algún modo, y en la que aprovechamos para hablar de aquellos que quisimos y ya no están con nosotros, o de esas personas de las que provenimos y nunca conocimos. Vemos sus fotos y les ponemos lo que más les gustaba comer para recordarlos. La casa se llena de aromas y colores y los más golosos podemos disfrutar de una calaverita de chocolate o del deliciosísimo Pan de Muerto.

Si queremos disfrazarnos, también podemos ser calaveras, y eso solamente requiere pintarnos la cara. No sé qué opinen, pero teniendo esto yo no le encuentro sentido a celebrar Halloween. ¿Tener una fiesta extra? Quizás. ¿No quedarse fuera de lo que todos están haciendo? También es posible que eso influya. Pueden llamarme amargada, pero pretendo que mis hijos se concentren en la ofrenda de casa y no en ir a pedir dulces que de todos modos terminarán en la basura.  Ya se los plantée y no pareció importarles demasiado.

 

¿Ustedes qué opinan después de haber leído todas mis amarguras?

 

ofrenda

 

La información publicada en este blog está basado en la experiencia personal de su autor, así como en otros artículos, audios, material cinematográfico y periodístico que se haya hecho referencia dentro de éste. El único propósito es comunicar los resultados y conclusiones devengados del autor. Todobebé no se hace responsable por los efectos, resultados, acciones y reacciones de lo que aquí se publica, o se comenta. La información es responsabilidad del autor. Todos los autores de blogs en todobebé son responsables y de cada uno de los textos. Todobebé no comparte la opinión y no es responsable sobre los textos vertidos.

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Adriana Vera Orozco

La maternidad según Dada

Me llamo Adriana pero mucha gente me conoce como Dada. De niña soñaba con publicar algún día en el New York Times. A la fecha no lo he logrado, pero sí he escrito para Harper's Bazaar, Caras, Marie Claire, Casaviva, Women's Health, InStyle, Quién y Living de Martha Stewart. Desde el 2006 he tenido varios blogs, en 2007 me convertí en madre y hoy soy la editora en jefe de Todobebé, lo cual me permite combinar mis dos pasiones: la escritura y la maternidad. También me puedes leer en neceser.wordpress.com, un blog de maternidad y estilo de vida.