Adriana Vera Orozco

La maternidad según Dada

Todo lo que me has enseñado

Todo lo que me has enseñado

 

A mi chiquito que está a punto de cumplir 4 años 

 

 

Cuando naciste, yo tenía más de tres años siendo mamá y pensaba que ya sabía todo sobre el tema. Ése es un aspecto incomprensible de la maternidad: nos volvemos soberbias, creemos que por lo que pasamos nosotras todas lo deben vivir de igual manera, y más siendo nosotras mismas las que estamos repitiendo la experiencia.

Sin embargo, bien dicen que no hay un embarazo igual que otro, ni un hijo igual que otro.

No querer averiguar si eras niño o niña fue una de las primeras lecciones que nos diste: nos dejaste ver lo emocionante que es esperar hasta el nacimiento para saber el sexo del bebé.

Me di cuenta que serías muy distinto a tu hermano desde la manera en que llegaste al mundo. Casi no pudiste esperar a que llegáramos al hospital: nuestro trabajo de parto fue digno de una escena de película en la que el papá se pasa todas las luces rojas de los semáforos pisando el acelerador mientras la mamá grita palabras altisonantes en el asiento trasero.

Llegamos a la sala de partos apenas a tiempo para que nacieras ahí, y me demostraste que lo mejor a lo que se puede aspirar es a lograr un parto sin anestesia, que el dolor tiene un sentido, que es soportable y que estamos hechas para superarlo. Que es una experiencia poderosa y que vale la pena vivirla.

Pusiste de nervios a todo el equipo de guardia del hospital y después les diste a todos los presentes la satisfacción de que, a pesar de que en el cuarto no había ni ginecólogo, ni anestesiólogo ni pediatra, todo salió estupendamente.

Al llegar a casa también me dejaste claro que no a todos los bebés les gusta dormir en el moisés.

Por ti aprendí lo que quiere decir el colecho, y no solo en definición sino también como experiencia. Ahora sé que no es algo por lo que se opte: es algo que elige el bebé. El hecho de que una mamá encuentre la posición perfecta para poder dormir toda la noche al tiempo que abraza a su bebé sin aplastarlo, es toda una metáfora del hermoso vínculo que crea con él.

Con tu llegada la lactancia también tomó otro sentido. Ya no solo era darte la mejor nutrición que te podía dar, como lo viví con tu hermano mientras trabajaba: representaba estar contigo todo el tiempo para brindarte confort y alimento emocional.

De igual forma, las papillas para ti no fueron una cuestión de aumentar el aporte nutricional en tu dieta: se convirtieron en tu juego favorito, embadurnándote de las mismas y gozando tanto con sus texturas como con sus sabores.

Al cargarte por la calle, aprendí también que a los bebés que son carismáticos por naturaleza acaban por agobiarlos por tanto hablarles y chulearlos.

Después llegaron tus dos años y hubo que inscribirte al kinder. Como ya no podíamos ir a aquella que fue la escuela perfecta para tu hermano, te inscribí en la que me pareció la mejor opción viable. Lamento mucho que en ese lugar que en apariencia parecía tan lindo hayas tenido que vivir experiencias desagradables que tardé en darme cuenta que sucedían porque, como entendería más tarde, lo que pasa en el kinder se queda en el kinder, y es labor de las mamás hacerla de investigador privado.

 

Contigo pisé por primera vez la sala de urgencias del hospital pediátrico (cosa que espero nunca se vuelva a repetir) y tus travesuras han hecho que ponga los pies en la tierra y la mirada en el presente más que nunca. Verte crecer tan rápido me ha hecho querer detener el tiempo y aceptar que eso no es posible, pero que sí se puede aspirar a vivir de manera consciente el presente.

 

Por eso ahora me fijo más que nunca en cómo eres en este momento. En cómo cuando me cuentas algo empiezas con un encantador “¿Sabes, mamá?”. En lo divertida de tu conjugación de tiempos irregulares, en donde el pasado de poner no es puse sino “poní”, de hacer no es hice sino “hací”, y en tus pronunciaciones tan particulares de ciertas palabras, como mi favorito reciente: “pezquillar” en lugar de pellizcar. En lo absolutamente tierno y encantador que es cuando, sin aviso y sin venir demasiado a cuento, volteas y me dices “Mamá, eres linda”.

 

Hoy ya no eres ningún bebé y quizás entender eso nos cuesta más a todos que a ti. Seguirás creciendo y dándonos muchas lecciones, como todos los niños hacen con toda la gente que los rodea. Sin embargo jamás olvidaré lo que me has enseñado en estos cuatro años. Feliz cumpleaños, hijito. Te llevo por siempre en mi cabeza y en mi corazón.

 

 

 

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Adriana Vera Orozco

La maternidad según Dada

Me llamo Adriana pero mucha gente me conoce como Dada. De niña soñaba con publicar algún día en el New York Times. A la fecha no lo he logrado, pero sí he escrito para Harper's Bazaar, Caras, Marie Claire, Casaviva, Women's Health, InStyle, Quién y Living de Martha Stewart. Desde el 2006 he tenido varios blogs, en 2007 me convertí en madre y hoy soy la editora en jefe de Todobebé, lo cual me permite combinar mis dos pasiones: la escritura y la maternidad. También me puedes leer en neceser.wordpress.com, un blog de maternidad y estilo de vida.