Adriana Vera Orozco

La maternidad según Dada

Niños de pelo largo y niñas de pelo corto

Niños de pelo largo y niñas de pelo corto

 

Crecí rodeada de niños de cabellos largos. Una de las cosas buenas que tenía la escuela a la que asistí durante quince años, es que no se fijaban en esas nimiedades. Para los directivos era muy importante la buena conducta, el rendimiento académico, pero si un varón decidía llevar una cabellera larga, no tenían problema con ello. Tampoco con que, ya en el bachillerato, los y las jóvenes decidieran llevar perforaciones en distintas partes de cuerpo. Siempre celebré eso, pues no hay mejor manera de romper con el estereotipo de que una persona es “inadecuada” por el estilo personal que decida portar.

 

Uno de mis hermanos menores tenía tan linda cabellera, que la llevó larga varios años. Al estilo de “príncipe valiente”, su pelo rubio y lacio le daba un toque especial a su ya de por sí traviesa personalidad. Llamaba mucho la atención, pero sobre todo, él la disfrutaba. Le gustaba y se sentía orgulloso de su pelo.

 

Cuando nació mi primogénito, su cabeza estaba llena de pelo: largo, negro y rebelde. A pesar de que tenía un par de centímetros de largo, no caía: se levantaba como las púas de un puercoespín. Quién me diría que un par de años después esa melena se convertiría en una tan cautivadora como la de mi hermano. Llegué a gozar tanto cómo lucía, que dejé que creciera y creciera. Aquí una foto de mi niño jugando futbol a sus dos añitos:

 

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Entonces la gente empezó a llamarlo “nena”. No importaba que estuviera vestido “de niño”, que fuera evidentemente masculino, si es que eso se puede decir de un niño de dos años, o que jugara futbol. Las personas que no lo conocían, veían el largo de sus cabellos y de inmediato le llamaban niña. El largo que ven en la foto le duró pocos meses. Se lo corté porque le tardaba mucho en secar por las noches, pero desde entonces nunca lleva el pelo más arriba de los lóbulos de sus orejas. ¿Por qué eliminar algo tan bonito?

 

Mi segundo hijo nació sin pelo. Conforme le creció empecé a dejárselo largo y unos hermosos rizos empezaron a rodear su rostro. Ricitos de oro le llamé en alguna época. También por eso asumían que era una niña. Decidí cortárselo porque era todavía muy escaso, pero ahora que tiene más vamos también por un largo inusual en niños.

 

Es probable que esté siendo demasiado romántica y hasta prejuiciosa, pero siempre he pensado que los niños de pelo largo tienen un espíritu más libre, más juguetón, más creativo, más tierno. Siempre quise niños de cabelleras largas y ahora los tengo. No me gusta cuando los llevo a la peluquería y les cortan de más. Siento que los están agrandando, que los están metiendo al establishment, que les están arrancando una parte de su infancia. Al final, ¿quién dice que no serán calvos de adultos? ¿Por qué no dejarlos disfrutar su cabellera ahora que es tan linda?

 

Y a pesar de que los niños suelen ser despojados de sus cabelleras por default, creo que las niñas que deciden que les estorban los cabellos largos, la tienen aún más difícil. Se les tacha de “marimachas” y les dicen que están feas, cuando hay pocas cosas más admirables que una niña o mujer que porta con orgullo un corte “chiquito”.

 

Que a una niña no le interese llevar el pelo “a la princesa”, habla de que es muy libre, que tiene otros intereses, otras inquietudes, pero además, cuando a una niña o a una mujer se le ve bien el pelo corto, no existe algo más femenino e inspirador.

 

A lo que quiero llegar con todo esto es, ¿Quién dijo que los niños deben lucir como soldados y las niñas como Rapunzel? ¿Por qué no aceptar las diferencias, las preferencias personales? ¿En qué momento pasó esto, si en la antigüedad hombres y mujeres disfrutaban de sus cabelleras? ¿Por qué es más aceptable o respetable que los niños tengan el pelo corto, y las niñas largo?

 

Son muchos prejuicios sociales, estereotipos de género y hasta homofobia, factores que afectan mucho a la sociedad de manera silenciosa.

 

Todo lo anterior viene a cuento porque recientemente recibí una solicitud de Change.org para apoyar a un niño que ama su larga cabellera y que tiene un pleito con la escuela a la que asiste pues los directivos de esa institución lo suspendieron por llevar el pelo largo. En cuanto vi el tema, supe que tenía que escribir sobre el mismo.

 

Sería muy fácil pensar en que cambiando de escuela se resuelve el problema, pero aplaudo a su mamá por haber decidido librar esta batalla social pues poner el tema sobre la mesa y recapacitar sobre este tipo de temas puede ser el principio del cambio.

 

Por eso la apoyo con este texto y con mi firma. Tú también la puedes apoyar, firmando aquí.

 

Que cada niño y niña decida cómo quiere llevar el pelo. Es solo un principio de  libertad.

 

 

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Adriana Vera Orozco

La maternidad según Dada

Me llamo Adriana pero mucha gente me conoce como Dada. De niña soñaba con publicar algún día en el New York Times. A la fecha no lo he logrado, pero sí he escrito para Harper's Bazaar, Caras, Marie Claire, Casaviva, Women's Health, InStyle, Quién y Living de Martha Stewart. Desde el 2006 he tenido varios blogs, en 2007 me convertí en madre y hoy soy la editora en jefe de Todobebé, lo cual me permite combinar mis dos pasiones: la escritura y la maternidad. También me puedes leer en neceser.wordpress.com, un blog de maternidad y estilo de vida.