Adriana Vera Orozco

La maternidad según Dada

9 cosas a saber antes de llevar a tu hijo al dentista

9 cosas a saber antes de llevar a tu hijo al dentista

 

Siempre he sido muy miedosa para los médicos, pero el dentista tiene un lugar especial dentro de mis fobias. Algo debe haber hecho muy bien mi madre porque, a pesar de que me pusieron amalgamas en absolutamente todas las muelas y pasé por varios tratamientos de ortodoncia (que terminaron por no tener resultados definitivos a pesar de los dolorosos meses que pasé en distintas etapas de mi vida), puedo ir y sentarme en el sillón de odontólogo sin necesidad de ningún ansiolítico. Prefiero tener otro parto sin anestesia que una endodoncia, pero ese ya es otro tema.

 

Ahora que soy madre me doy cuenta que solo hay una cosa peor que ir al dentista, y eso es llevar a tus hijos al dentista. Con mi primer hijo he tenido suerte, y digo suerte porque yo no sabía que había que empezar con los hábitos de limpieza desde que nacen. Cuando tuvo su dentadura completa, lo llevé a una primera revisión, no le encontraron ningún problema, le pusieron flúor y así estuvimos varios años hasta que un día hace un año, le vi una caries. Lo llevé con una odontóloga pediatra que me recomendaron y salí de ahí con un presupuesto de miles de pesos: según ella además de hacer una corona, había que poner no sé cuántos selladores.

 

Yo sabía que los selladores no están recomendados para todos los niños, en algunos casos pueden resultar contraproducentes. Entonces lo llevé mi odontólogo de toda la vida, le taparon la muela y se acabó el problema. Hasta sus casi ocho años esa ha sido toda su historia con los dentistas. Cabe mencionar que mi niño mayor es el niño más valiente que yo haya visto jamás. Se deja inyectar y hacer todo lo que sea necesario: no grita, no hace drama y coopera en todo lo que se le pide. Es un paciente estupendo.

 

Sin embargo, ningún niño es igual a otro y menos entre hermanos, y resulta que con mi hijo no tuve la misma suerte que con el primero. Como con mi primogénito nunca tuve problemas, con el chiquito me preocupé aún menos: ya saben, con el segundo las mamás nos relajamos. Estaba más tranquila que la primera vez porque además, yo le di lactancia materna exclusiva durante un año. Entonces eso de los biberones para nosotros práticamente no existió: los usó si acaso unos meses y siempre tuve cuidado de que no dejárselo durante la noche pues ya sabía sobre el riesgo de que desarrollara boca de biberón. Yo estaba segura de estar haciendo bien las cosas.

 

Un par de meses después de cumplir los dos años, se cayó y se rompió uno de los dientes frontales. En ese momento llamé a mi odontólogo y le pregunté si se lo debía llevar: el diente estaba roto pero no sangró ni se movió de lugar y el doctor me dijo que no me preocupara, que solo estuviera atenta a que no cambiara de color, que en ese caso, sí necesitaría verlo. Estuve atenta los siguientes meses y casi un año después, cuando vi aparecer una manchita en su diente, corrí con mi dentista con mi niño en brazos. Aproveché para que vieran a mi hijo mayor y que además de aprovechar para hacer su revisión, pusiera el ejemplo a su hermano de que sentarse ahí a dejar que un doctor introdujera aparatos ruidosos a su boca no representaba ningún peligro.

 

Cuando el doctor intentó poner una resina en su diente, él hizo un berrinche tal que pareció que sería imposible que el doctor lograra atenderlo. Sin embargo, el odontólogo supo manejar la situación y le hizo la curación, pero sí resultó una experiencia algo traumática para él y para mí. Fue solo entonces que decidí buscar un tercer odontólogo, ahora que estuviera especializado en niños. Fui con una doctora que me recomendaron que me dijo que ella no era odontóloga pediatra, pero que se apoyaría con una colega suya que sí lo era. Después de la revisión el veredicto fue: BOCA DE BIBERÓN. ¿Cómo era esto posible? Hay quien dice que es genético, yo no lo dudaría con el historial que tengo y que seguramente heredé a mi chiquito, pero para no seguir prolongando la historia les diré que fui varias veces a que trataran de curarle sus caries y después de mucho llanto, gritos y batallas cuerpo a cuerpo, solamente consiguieron hacer las dos primeras y dejar un gran trauma en mi niño.

 

La solución que ofrecieron fue aplicar anestesia general.  Quitando de en medio las peores preocupaciones, yo ya me imaginaba a mi hijo así:

 

Si bien a mí nunca me han aplicado anestesia general, la historia que tengo con la epidural ya es bastante motivo para negarme rotundamente a cualquier procedimiento del tipo, sobre todo si se trata de un niño de menos de cuatro años y se vuelve aún más riesgoso.

 

Fue entonces que busqué una tercera opción. Platiqué con el Mtro. Miguel Ángel Fernández Villavicencio, egresado de la facultad de Odontología de la UNAM, quien fue Presidente de la Academia Mexicana de Odontopediatría filial del Colegio Nacional de Cirujanos Dentistas y es Profesor de la Especialidad de Odontopediatría del Posgrado de la Escuela de Odontología de la Universidad Latinoamericana y sus recomendaciones fueron las siguientes: 

  1. El número, tamaño, forma y color de los dientes de un niño son distintos a los de la gente adulta, y no se pueden tratar como a un adulto chiquito. Requiere procedimientos especializados. Quien lo vaya a atender debe ser un odontólogo pediatra.
  2. Hay niños tímidos, hay niños participativos, hay niños que ponen resistencia física, algunos incluso vomitan. El clínico que se dedica a la atención odontológica de niños tiene que tener las bases psicolológicas necesarias para poder atenderlo sin recurrir a la anestesia general.
  3. El doctor debe contar con el personal capacitado, instrumental, equipo y materiales necesarios para poder tener los resultados que se están programados desde un inicio. Cuando no se cuenta con esto, recurrirán a la fuerza física y así no se puede trabajar correctamente.
  4. Cuando el odontólogo utiliza el método “Decir, mostrar y hacer”, obtendrá resultados satisfactorios.
  5. No debes decirle nada al niño referente a la experiencia que va a tener. Dejar que sea el doctor quien le explique.
  6. Nunca le digas mentiras, como ” vamos al parque” para llevarlo al médico. Eso solo hará que pierda tu confianza.
  7. No  lo chantajees, ofreciéndole premios, por ejemplo. Esto es por su bien y el doctor seguramente se lo hará notar y le dará una estampita o un sello por su cooperación.
  8. No lo comparares con otros niños, ni lo ridiculices. Refúerzalo verbalmente.
  9. El llanto puede ser una manera de manipular a los papás, pero un profesional especializado tiene manera de manejarlo. 

 

¡Deséenme suerte! ¿Han pasado por algo similar? Cuéntenme en los comentarios.

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Adriana Vera Orozco

La maternidad según Dada

Me llamo Adriana pero mucha gente me conoce como Dada. De niña soñaba con publicar algún día en el New York Times. A la fecha no lo he logrado, pero sí he escrito para Harper's Bazaar, Caras, Marie Claire, Casaviva, Women's Health, InStyle, Quién y Living de Martha Stewart. Desde el 2006 he tenido varios blogs, en 2007 me convertí en madre y hoy soy la editora en jefe de Todobebé, lo cual me permite combinar mis dos pasiones: la escritura y la maternidad. También me puedes leer en neceser.wordpress.com, un blog de maternidad y estilo de vida.