Adriana Vera Orozco

La maternidad según Dada

Esos papás que no ayudan

Esos papás que no ayudan

 

La semana pasada se habló mucho sobre esos papás que “no ayudan”, y que eso no quiere decir que no hagan nada, sino que se trata de hombres que aceptan que aquello que hacen por su mujer y sus hijos no lo consideran una ayuda, pues es su responsabilidad asumida.

 

Dicho texto de Alberto Soler fue sumamente viral y es que sonaba muy bonito eso de que un hombre aceptara que su labor no es un favor sino una obligación. Atribuyo el éxito de dicho artículo a que muchas estamos constantemente enojadas y cansadas de sentir que los papás de nuestros hijos nos hacen un favor al apoyar con el cuidado de los niños y las labores domésticas. Sin embargo debo decir que que el hecho de que un hombre haya tomado el estandarte por los demás, que muchos se hayan colgado de la causa y que otros más lo hayamos aplaudido, no cambia absolutamente nada. Hace falta mucho más que publicar o compartir unas cuantas líneas complacientes para que ello no se quede en puras buenas intenciones.

 

En todo caso, días antes de que saliera aquel artículo, yo había leído este otro en donde un papá reconoce que aunque él se siente el mejor papá del mundo por levantarse en las noches a calmar a su bebé, se da cuenta que su mujer hace mucho más que él en la casa y con los niños.

 

Antes de que se me malinterprete, tengo que aclarar algo: mi marido hace muchas cosas de las que yo jamás me preocupo, como regar todas las plantas de la casa (que son muchas y resulta un trabajo extenuante). También hace las reparaciones domésticas, saca la basura orgánica (sí, esa que puede resultar tan desagradable), lleva el reciclaje al depósito cercano, se ocupa de las mascotas -3 gatos con sus frecuentes heridas de peleas callejeras y sus respectivas cajas de arena- y además juega todo el tiempo que puede con los niños. Algunos fines de semana baña a uno, a veces a los dos. Si yo debo salir, los lleva al parque. Antes de que tuviéramos lavavajillas, se arremangaba la camisa y sin que nadie se lo pidiera, se ponía a lavar platos hasta altas horas de la noche después de una comida familiar en casa y no se iba a la cama hasta dejar la cocina reluciente. En ocasiones pasa al supermercado de regreso del trabajo para comprar algo que me hace mucha falta en el momento. Todo el tiempo me pregunta de qué manera me puede ayudar y lo hace cuando está en sus posibilidades.

 

Sin duda, todo lo anterior le quita la etiqueta de “macho”, pero ustedes madres saben bien que en una familia y en una casa, hay mucho, MUCHO más que hacer que eso. Por un lado el baño de los niños no es semanal sino diario, lavarles los dientes idealmente es algo que se hace 3 veces al día. La compra de víveres resulta una tarea que se repite de 3 a 4 veces por semana, y generalmente se hace con uno, dos o más niños a cuestas y sin ayuda para bajar todo al llegar a casa. Preparar alimentos es algo inevitable al menos tres veces al día (y en las mañanas con la preparación del lunch se vuelve tarea doble), y en consecuencia lo mismo pasa con la “lavada” de trastes. Además está la organización de la limpieza del hogar (no quiero ni empezar a ahondar lo que es ordenar clósets y alacenas), las citas y tareas escolares y las actividades extracurriculares, las revisiones médicas y los compromisos sociales y familiares. ¿Se me olvida algo? Ah, claro, las finanzas familiares: recordar fechas de corte, de pago, ir al banco, hacer transferencias electrónicas y el malabareo de los centavos al final de la quincena.

 

A veces siento que cubro más del 80% de las necesidades del hogar y eso me hace sentir muy frustrada y me revela que estoy haciendo algo muy mal. Luego recuerdo que él trabaja en una oficina muchas más horas que yo. Por más complicado que me resulte, considero que yo tengo más facilidad para resolver, aunque sea solamente por disponibilidad de tiempo. Y también algo sumamente importante: soy una control freak grado 5. Debo aceptar que si no suelto muchos aspectos del housekeeping es porque me encanta llevarle el pulso a todo.

 

A pesar de lo anterior, me doy cuenta que si muchas terminamos por responsabilizarnos de la mayor parte de las tareas del hogar, y por ende sentirnos enojadas y sobrepasadas, es porque tenemos la idea que, de no hacerlo, nuestra pareja no lo hará y todo se volverá no solamente caótico, sino también antihigiénico, inviable y en una de esas hasta ilegal -si nos volvemos morosos. Tenemos buenas razones para creer lo anterior. Es muy raro el hombre al que le importa si la cama no está hecha, la tarja se desborda de trastos sucios o el niño lleva el uniforme que le toca según el día de la semana que es. Ellos dicen que lo que hacen no es ayuda sino su responsabilidad, pero en muchos casos lo hacen solamente de manera eventual -o light, cuando se los llevan al súper en pijama- entonces no importa si un día las cosas no se hacen, porque están seguros que al día siguiente lo haremos nosotras.

 

Podríamos aceptar que esto es nuestra culpa, por no dejar que la situación toque fondo, todo se derrumbe y entonces sí nos ayuden a poner orden. Yo siempre he creído que la cuestión biológica no ayuda nada -al ser nosotras las que naturalmente nos hacemos cargo de los niños desde antes de nacer y por lo tanto somos más sensibles a sus necesidades y ellos más apegados a nosotras. Tampoco nos favorece cuando estamos en un esquema en donde ellos son los proveedores mayoritarios o únicos. Podríamos recurrir a la teoría de que los hombres no pueden hacer multitasking y que por lo mismo debemos resignarnos con que hagan bien su papel de proveedores y que “ayuden” y digan que no es ayuda sino obligación.  Existe también la opción de culpar a sus madres por no haberles marcado responsabilidades desde niños y haberles resuelto siempre la vida doméstica. Y al llegar ahí es donde encuentro un foco rojo. Yo tengo dos niños. Quizás pueda no importarme hacer la mayor parte de las tareas e incluso, como ya dije, gozar tener el control y hasta usarlo como chantaje, pero el hecho de que mis hijos vivan en este esquema les hará complicado vivir uno distinto cuando sean mayores. No serán unos machitos, pero serán de esos “papás que no ayudan”.

 

¿Cómo se cambia esto? El común denominador en las respuestas que obtuve en un foro de mamás, era volverse una tirana. Hubo quien me recomendó hacerle un tablero de recompensas con estrellitas como se hace con los niños, pues a ella le ha funcionado. Si bien no haría uno exclusivo para mi pareja, sí creo que podría funcionar para repartirnos el trabajo entre los 4 -aunque el chiquito poco podrá hacer, no le viene mal empezar a acostumbrarse. Sueño con que un día las responsabilidades de la casa no estén repartidas nada más entre dos, sino entre todos los que vivamos aquí. Creo firmemente que así es como debería ser.

 

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Adriana Vera Orozco

La maternidad según Dada

Me llamo Adriana pero mucha gente me conoce como Dada. De niña soñaba con publicar algún día en el New York Times. A la fecha no lo he logrado, pero sí he escrito para Harper's Bazaar, Caras, Marie Claire, Casaviva, Women's Health, InStyle, Quién y Living de Martha Stewart. Desde el 2006 he tenido varios blogs, en 2007 me convertí en madre y hoy soy la editora en jefe de Todobebé, lo cual me permite combinar mis dos pasiones: la escritura y la maternidad. También me puedes leer en neceser.wordpress.com, un blog de maternidad y estilo de vida.