Adriana Vera Orozco

La maternidad según Dada

No todos los recién nacidos son iguales

No todos los recién nacidos son iguales

 

Para mi sobrino Ian, al que ya adoramos.

 

Quien ha pasado por esto, sabe de lo que hablo. Cuando nuestro bebé acaba de llegar al mundo, una de las preguntas más frecuentes es “¿Y a quién se parece?”. Y quien no sabe de estos temas, suele decir “Ay, si todos los recién nacidos son iguales”. Si bien es cierto que, a veces, es difícil saber de quién heredó los rasgos un bebé, ni remotamente podemos aceptar que todos se parecen y para sustentar mi afirmación, les voy a contar lo que me pasó ayer.

 

Mi cuñada, esposa del hermano que me sigue en edad (me disculpo por la especificidad, pero no puedo decir que es mi hermano menor, porque tengo tres hermanos menores que yo y él no es el más chico), el martes cumplió las 40 semanas de embarazo y nada que mi sobrino se decidía a nacer. Por eso, su doctora decidió que era momento de inducir el parto. Nos avisaron que ingresarían al hospital a las 9 am y desde ese momento nos tuvieron en ascuas a todos.

 

Toda la mañana estuve muy emocionada pensando en lo que estaban viviendo mi hermano y su mujer. Las contracciones, la emoción, la incertidumbre. La adrenalina que genera la proximidad del momento de conocer a su primer hijo. Me la pasé pegada al Whatsapp. Cualquier sonidito me hacía brincar. Así transcurrió la jornada laboral hasta que fue momento de irme a una comida de trabajo. Al estar ahí vi en la pantalla de móvil la notificación de que mi hermano había mandado una imagen. “¡Ya nació!”, exclamé frente a todos los comensales. “A ver, a ver”, pidieron todos que les mostrara la foto. Al abrirla, oh decepción. Era la típica selfie que todos los papás se hacen antes de entrar a la sala de partos (para sustentar que esto es un lugar común de los papás primerizos, les diré que mi marido también lo hizo o mejor aún, miren la foto de perfil del Papá Preguntón). La persona que estaba sentada junto a mí comentó que quizás los papás se toman esa foto para sentirse “los doctores que nunca pudieron ser”. Todos reímos y yo seguí haciendo cuentas de cuánto tiempo faltaba para que recibiera la primera foto de mi sobrino. (Por cierto, la “cobertura” en vivo via Whatsapp del evento fue algo que yo no viví con mis partos y que me sorprendió muchísimo).

 

Pasaron aproximadamente 45 minutos. De pronto llegó una imagen. “¡Aquí está!”, les dije. Sin embargo, al verla algo no me hizo sentido. “No sé a quién se parece”, dije. “Ay, todos los recién nacidos son iguales”, contestó alguien. En eso, mi hermano puso en el chat “Jajaja, ese no es”. ¡Mi loco hermano bajó una foto de internet para seguir haciendo crecer la expectativa! Solo él puede bromear en un momento como ése. Cuando llegó la verdadera foto de mi sobrino, no hubo duda. “Se los dije, el otro bebé no se parecía a nadie que yo conozca, este bebé sí es mi sobrino”. Cuanta persona lo ha visto, lo ha dicho. Tiene todo el sello de mi familia.

 

Lo mismo me pasó cuando fui a ver a mi primer hijo al cunero. Entre todos los bebés, y aunque no lo había visto más que un minuto al nacer, todo cubierto de vérnix, hinchado, arrugado y gritando, cuando lo vi ahí arropadito y tranquilo, reconocí mis ojos en él. Después vi claramente la cara de su papá impresa en sus facciones. Se dice (casi casi a manera de mito o leyenda) que los recién nacidos tienen la cara de su papá para que éstos los reconozcan como propio. En esta teoría, como para la mujer no hay posibilidad de dudar que ese hijo es propio, ésta es la manera que tiene la naturaleza de hacer que al papá tampoco le quede duda.

 

Aunque suene a creencia popular, tiene algo de sentido. La verdad es que yo sí encuentro los parecidos en los recién nacidos. Y también es muy cierto que los bebés irán cambiando día con día. Hasta como adultos seguimos mutando y teniendo un efecto camaleónico que a veces hace que nos parezcamos a mamá, a papá, a una tía o a un abuelo.

 

Al final, no importa si es niño o niña,  a quién se parezcan o si son o no como los imaginamos. Todos los bebés llegan al mundo a hacer muy felices a sus familiares y esta no es la excepción. ¡Bienvenido, bebé! Yo sabía que ese de la foto que bajó tu loco papá, no eras tú. La sangre llama, y tú lo has dejado muy claro. Todavía no te conocemos y ya todos te amamos, mucho.

 

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Adriana Vera Orozco

La maternidad según Dada

Me llamo Adriana pero mucha gente me conoce como Dada. De niña soñaba con publicar algún día en el New York Times. A la fecha no lo he logrado, pero sí he escrito para Harper's Bazaar, Caras, Marie Claire, Casaviva, Women's Health, InStyle, Quién y Living de Martha Stewart. Desde el 2006 he tenido varios blogs, en 2007 me convertí en madre y hoy soy la editora en jefe de Todobebé, lo cual me permite combinar mis dos pasiones: la escritura y la maternidad. También me puedes leer en neceser.wordpress.com, un blog de maternidad y estilo de vida.