¿Por qué se sienten pinchazos en la uretra en el posparto?
Durante el embarazo, tu cuerpo sufre enormes cambios, a los que hay que sumarle el traumatismo del parto, sea natural o mediante cesárea.

¿Por qué se sienten pinchazos en la uretra en el posparto?

 

 

Durante el embarazo, tu cuerpo sufre enormes cambios, a los que hay que sumarle el traumatismo del parto, sea natural o mediante cesárea. Encontrarás mucha información sobre lo que te irá sucediendo a lo largo de tu gestación, pero quizá no estés tan bien informada sobre lo que ocurre en el puerperio. Si no conoces las secuelas que te pueden quedar, es posible que te alarmes por situaciones completamente normales.

 

Tu cuerpo necesita un tiempo para volver a ser el que era antes de embarazarte. Unos procesos pueden resolverse en cuestión de días, y otros pueden tardar hasta un año en finalizar. En cada mujer, e incluso en cada embarazo, el cuerpo responde de distinta forma durante la recuperación. En cuanto a la uretra, es normal que tengas molestias o dificultades en el posparto.

Cambios durante el embarazo

 

Desde el comienzo de la gestación, tu cuerpo empieza a acomodarse para acoger a tu bebé. Los cambios hormonales que vivirás te producirán un estímulo diurético. Además, tu riñón funcionará a mayor velocidad. Todo esto hará que necesites orinar con más frecuencia, y aunque la necesidad de miccionar será imperiosa, expulsarás poco líquido.

 

La vejiga se desplazará hasta reubicarse en tu pelvis y se acortará la uretra. Por ello, puedes tener pérdidas involuntarias de orina al toser, estornudar, vomitar, llorar, reír o simplemente, al caminar. La incontinencia urinaria se agravará según vaya creciendo el bebé en tu vientre por la presión que ejercerá con su peso en tu vejiga. Hay otros factores que no ayudan en el control de la uretra, como fumar, el frío, padecer diabetes u obesidad.

 

No es aconsejable aguantar las ganas de ir al baño: deberás ir siempre que lo necesites, puesto que retener la orina puede dar origen a una infección del tracto urinario. Las infecciones se previenen con una adecuada higiene, protegiendo del frío la zona lumbar y genital, llevando pantalones holgados y ropa íntima de algodón. Estas precauciones deberás de mantenerlas durante toda tu vida, pero especialmente en el puerperio.

Posparto

 

Después del parto, pasarás un tiempo con molestias y dolores leves hasta que tu cuerpo vuelva a ser el que era antes del embarazo. En este momento, tu vejiga es mayor de lo normal, tu sensibilidad en la vejiga disminuye por la distensión y bajo tono muscular que sufre; de modo que esto te puede ocasionar incontinencia urinaria por rebosamiento, y no conseguir vaciarla del todo. El equipo médico deberá hacer una valoración del tamaño de tu vejiga, puesto que si está demasiado distendida puede impedir que el útero se contraiga con normalidad, y con ello, provocarte hemorragias.

 

Los uréteres y la pelvis también estarán distendidos y bajos de tono. Los riñones continuarán durante un tiempo bastante dilatados; esto es normal. En los días posteriores al parto todo irá volviendo a su origen. En ocasiones las molestias son mayores de lo habitual, y puedes llegar a sentir dolor perineal, espasmos o pinchazos en la uretra, que no te permitirán evacuar la vejiga. Puede ser porque la vejiga esté traumatizada debido a la presión ejercida por la cabeza de tu bebé durante el parto o por el efecto de la anestesia. Si sientes ardor al miccionar, es posible que tengas una infección urinaria.

 

Es importante que orines mucho durante los dos o tres días posteriores a dar a luz a tu bebé -aunque no sientas deseo- para eliminar los líquidos tisulares que retuviste durante la gestación. Deberás beber mucho líquido y levantarte a caminar en cuanto sea posible para ayudarte a recuperar la normalidad. Si no consigues orinar pasadas unas 8 horas del parto, el médico procederá a ponerte un catéter para vaciar la vejiga.

Recuperar el suelo pélvico

 

Puedes ayudar a que la recuperación sea más rápida ejercitando el suelo pélvico; se trata de los músculos y ligamentos situados en la parte baja de la cavidad abdominal. Su función es la de sostener la vejiga, la uretra, el útero, la vagina y el recto. Es necesario que tenga un buen tono muscular para mantener los órganos pélvicos en la posición adecuada, con un funcionamiento normal. Después de un parto vaginal, el suelo pélvico se encuentra muy debilitado.

 

Uno de los ejercicios que puedes hacer para localizar estos músculos consiste en contraer la zona mientras orinas, cortando el flujo. Se llama ejercicio de Kegel, pero no es aconsejable hacerlo repetidas veces, porque puede causar problemas en la vejiga. El tocólogo o la comadrona te enseñarán a realizarlo correctamente. Practicar abdominales está totalmente desaconsejado, puesto que la presión que se ejerce al hacerlas sobre el suelo pélvico es tan fuerte que puede debilitarlo aún más.

 

Durante el posparto es más recomendable la gimnasia abdominal hipopresiva que previene la caída de los órganos pélvicos, lo que evita las pérdidas de orina. También es recomendable definirte un horario para miccionar. Es decir, cada dos o tres horas, y antes de dormir, acudir al baño aunque no sientas el deseo de orinar para asegurarte de que la vejiga está siempre vacía. Siguiendo estos consejos, poco a poco irás recuperando la normalidad.

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