Adriana Vera Orozco

La maternidad según Dada

3 prejuicios a los que se enfrenta una mamá de tiempo completo

3 prejuicios a los que se enfrenta una mamá de tiempo completo

 

 

No sé por qué, pero el hecho de ser madres nos vuelve objetivo vulnerable de la opinión pública. Que si lo estamos haciendo bien, que si lo hacemos muy mal, que si somos malas madres, que si somos permisivas, que si somos demasiado duras. La verdad es que no hay forma de tener a la gente contenta, y poco nos debería importar. Sin embargo, por más que queramos tener oídos sordos a las palabras necias, son ideas que permean el ambiente  y que acaban por afectar nuestra situación como madres.

 

La semana pasada hablé de los prejuicios a los que se enfrenta una madre que trabaja fuera de casa y, como también estuve del otro lado, ahora voy a hablar de aquellas preconcepciones que afectan a las mamás de tiempo completo.

 

Cuando me dediqué por completo a mis hijos y a mi casa, había muchas actitudes y comentarios hacia mi estilo de vida que me molestaban demasiado. Como no se trata de ir por el mundo con la espada desenvainada, no decía nada, pero no deja de impresionarme cómo hasta que no vivimos cierta situación no podemos imaginarnos todo lo que hay ahí. Las siguientes son solo algunas de las ideas que pude detectar en torno a las amas de casa. Díganme si me equivoco en algo.

 

1- Que sólo realizamos actividades placenteras

 

Quien nunca ha estado en esta situación se imagina que nosotras nos la pasamos en el salón de belleza, el gimnasio, de desayuno y café con las amigas. Que por las tardes nos dedicamos a hacer manualidades y galletas con los niños, o en playdates (citas de juego) que transcurren de manera cómoda.

 

La realidad es que invertimos la mañana haciendo tareas domésticas que no necesariamente nos encantan (nos puede gustar cocinar, ¿pero a quién le gusta lavar la ropa?), el tiempo que tenemos para bañarnos o arreglarnos es aproximadamente 10 minutos, y pasamos la tarde llevando a los niños a clases extracurriculares, haciendo con ellos la tarea, bañándolos y tratando de que se duerman temprano. Cuando vamos a casa de una amiga para que nuestros hijos jueguen con los de ella, apenas y podemos llevar el hilo de la conversación por tener que estar pendientes de los niños.

 

No voy a negar que hay ocasiones en las que logramos hacer algo muy lindo y relajante con nuestros hijos, pero la verdad es algo excepcional. Si nos dedicamos a pasear y a jugar, entonces ¿quién hará todo lo que hay que hacer?

 

Idealmente la madre que se queda en casa es para cuidar a sus hijos. Lamentablemente, dicha situación rara vez se traduce en tiempo de calidad con los mismos. Es difícil tener ayuda para todo lo que hay que hacer y así dedicarle toda nuestra atención a los niños. Sin embargo, sí creo que el hecho de estar presentes ya es un gran privilegio en sí.

 

2- Que no aportamos nada en el aspecto económico al hogar

 

Esta idea suele existir por el hecho de que no trabajamos en una oficina con un horario. Sin embargo, muchas madres realizamos en proyectos independientes que dejan cierta ganancia (quizás no muy considerable, quizás no tan constante) y que invertimos en su totalidad en las necesidades del hogar.

 

Eso aparte, todas las necesidades que resolvemos las mamás en casa y para nuestros hijos, ahorran un gasto que sería necesario en caso de que no hiciéramos todo nosotras. Esta semana estuvo circulando en las redes una nota sobre un padre de familia, Steven Nelms, que hizo un cálculo de cuánto cobraría alguien que realizara las mismas actividades que una madre y ama de casa.

 

El resultado fue el siguiente:

 

Servicio de limpieza: 50 a 100 dólares por visita mínimo una vez a la semana. 

Personal Shopper: 65 dólares por hora 4 horas a la semana. 

Chef: 240 dólares la semana. 

Lavandería: 25 dólares la semana reduciendo al mínimo. 

Tareas de asistencia: 75 dólares la hora.

El gran total de este cálculo era de aproximadamente 73.960 dólares al año.

 

Por si hacerlo de gratis fuera poco, damos un servicio de lujo. Nadie nunca hará las cosas con tanto cariño y dedicación como nosotros.

 

3- Ser tontas

 

El hecho de no trabajar, o de haber “abandonado” una carrera, suele verse como falta de capacidad intelectual. Nada podría estar más alejado de la realidad. La mujer que decide quedarse en casa es porque tiene sus prioridades bien claras. Porque sabe que sus hijos serán pequeños solo una vez y disfrutar eso le importa más que otra cosa en la vida.

 

Además, cuando tomamos las riendas de una casa y de una familia, lo hacemos tan en serio que se vuelve nuestra profesión. En ella aprendemos todo lo que haya que aprender, y resolvemos todo lo que sea necesario.

 

Puede ser cocina o costura, pero también plomería, electricidad y mecánica. Cuando de nosotras depende que algo se resuelva, lo haremos de la mejor manera.  Y si no lo podemos hacer nosotras, negociaremos e interactuaremos con distintas personas, nuestros hijos incluidos, para lograrlo. De tontas no tenemos un pelo. Realizamos el trabajo más difícil del mundo. ¿Creen que una tonta podría hacerlo?

 

 

 

 

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Adriana Vera Orozco

La maternidad según Dada

Me llamo Adriana pero mucha gente me conoce como Dada. De niña soñaba con publicar algún día en el New York Times. A la fecha no lo he logrado, pero sí he escrito para Harper's Bazaar, Caras, Marie Claire, Casaviva, Women's Health, InStyle, Quién y Living de Martha Stewart. Desde el 2006 he tenido varios blogs, en 2007 me convertí en madre y hoy soy la editora en jefe de Todobebé, lo cual me permite combinar mis dos pasiones: la escritura y la maternidad. También me puedes leer en neceser.wordpress.com, un blog de maternidad y estilo de vida.