Adriana Vera Orozco

La maternidad según Dada

3 prejuicios a los que se enfrenta una mamá que trabaja

3 prejuicios a los que se enfrenta una mamá que trabaja

 

 

Fui una stay-at-home-mom (mamá y ama de casa) por 5 años, papel que me resultó tremendamente abrumador y seguramente fue porque me lo tomé muy en serio (¿se podrá tomar de otra manera?). A pesar de que lo hice por decisión propia, que disfruté muchísimo el privilegio de poder estar con mis niños y que aprendí una serie de cosas que me servirán toda la vida, añoraba tremendamente estar de lado de las mamás que trabajaban porque me parecía “que lo tenían más fácil”.

 

¿Por qué pensaba esto? Porque las veía arregladas por las mañanas y porque no las veía en el súper haciendo la compra. Porque sabía que ellas estaban en otros temas que no eran la maternidad y la administración del hogar. Porque envidiaba no solo que pudieran seguir desarrollándose en el campo profesional y que ganaran su propio dinero, sino que también que hicieran todo los días aquello para lo que estudiaron y en lo que saben que son muy buenas.

 

Dicen que el pasto del vecino siempre se ve más verde, y yo agregaría que es porque el vecino lo riega mientras no estamos viendo, y es que ahora que estoy del otro lado me doy cuenta de lo complicado que es ser una mamá trabajadora. Cuando se habla de que las mamás que se dedican a su casa y a sus hijos “no trabajan”, todas nos enojamos muchísimo porque es una labor súper demandante, sin reconocimiento ni horarios, y mucho menos remuneración. A pesar de la veracidad de todo lo anterior, hay que ser justas en algo: cuando se tiene además un trabajo fuera de casa, hay que hacer todo lo anterior MÁS otros esfuerzos como levantarse mucho más temprano o irse a dormir más tarde (o ambas), hacer la compra por las noches, y dividir la cabeza entre las miles de responsabilidades familiares y las del trabajo.

 

Ahora, en la mayoría de los casos esto no es cuestión de elección. Según Forbes.com en Estados Unidos las madres son las únicas proveedoras de ingresos en un 40% de las familias con niños, esto es cuatro veces más que en la década de los 60. Y en México, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo registró en 2012 que, según su situación conyugal, la tasa de participación económica más alta se da entre las madres solteras (71.8%), divorciadas (71.7%) y separadas (68.3%), es decir, casi siete de cada diez trabajan o buscan cómo sustentar su hogar.

 

Como si el panorama no fuera lo suficientemente complicado, nos enfrentamos a muchos prejuicios. Estos están muy arraigados en la sociedad y aunque nunca nadie nos los recuerde están muy presentes en nuestros pensamientos. El hecho de que, solo quizás, nadie nos los eche en cara, no quita que existan y que los suframos. A continuación los enlisto y explico por qué nos afectan.

 

1- Ser una mala madre

 

Más de una vez he bromeado con que soy la peor mamá del kinder de mi hijo menor. Mientras con el primero me dediqué a buscarle la escuela perfecta para su personalidad, esperé el momento ideal en su desarrollo para inscribirlo, y me volví parte activa de la Sociedad de Padres de Familia de la escuela, lo cual implicaba que pasaba mucho tiempo ahí, con mi hijo menor hago todo lo contrario. Lo metí a la escuela en la que ya estaba su hermano mayor, lo dejo a la hora que entra su hermano mayor (aproximadamente una hora antes de que comiencen formalmente las actividades “académicas”), nunca puedo ir yo a recogerlo (a sus tres añitos se regresa en transporte escolar) y no conozco prácticamente a ninguna de las demás mamás del salón. Por otro lado, con ambos todo el tiempo me confundo si tienen que ir de uniforme de diario o con el de deportes, si había alguna actividad especial a la que debía asistir o si tenía que mandar algo fuera de la tarea diaria. Me convertí en esa mamá que siempre entra y sale corriendo de la escuela, que no conoce ni platica con nadie, que a veces no va a los eventos escolares y a la que sus hijos disculpan porque su mamá “tenía que ir a trabajar” o “estaba de viaje”. Sin embargo, nada de lo anterior quiere decir que no los quiera, o que no me importe lo que pase en la escuela. Batallo mucho para no perderme nada de la agenda escolar, y lloro en cuanto salgo por la puerta de la escuela cuando los dejo llorando. Sufro en especial cuando están enfermos y no puedo quedarme a cuidarlos.  Tengo que aclarar que jamás nadie me ha dicho nada por vivir así, pero yo misma lamento no poder hacer todo como lo hice hace unos años.

 

2- No ser una “mujer de su casa”

 

Comprar la comida del día, prepararla personalmente, mantener el orden perfecto en las alacenas y los clósets es algo que se vuelve imposible (si es que alguna vez fue posible) cuando trabajamos. Todo se convierte en comer con los abuelos, descongelado, comprado o en restaurantes. La casa es un caos y nunca sabemos dónde quedó nada. Hornear unas galletas con los niños se vuelve una utopía y ni soñar con hacer alguna manualidad. Quizás estas actividades sean de otros tiempos, pero cuando una mujer no trabaja fuera de casa, son cosas posibles y muy disfrutables.  Ahora, hay muchas mujeres que no trabajan fuera de casa e igual no realizan ninguna de esas actividades. La diferencia es que de ellas no se piensa que no lo hagan, y he ahí donde viene el prejuicio. Ni una madre trabajadora es una “fodonga” ni una mamá de tiempo completo es una “Susanita”. Que quede bien claro.

 

3- No ser lo suficientemente profesional

 

Este es un punto que sí que nos afecta a nivel social. Construye algo que se denomina el “Techo de Cristal”, situación invisible socialmente, pero muy real en la cotidianidad empresarial. Alguna vez me dijeron de alguien a quien contraté: “Cuidado porque es mamá y tiene la vida muy complicada”. ¡Pues claro que la tenemos complicada! Y sí, si nuestros niños enferman serán nuestra prioridad. Sin embargo, eso no quiere decir que los tomaremos de pretexto para faltar a la menor provocación, o que por ellos vayamos a ser impuntuales o desobligadas. Al contrario.

Personalmente, ellos hacen que tenga más estructura en horarios y en responsabilidades de la que tuve antes de trabajar fuera de casa. Y la gran maravilla de la época actual, es que la tecnología nos permite cumplir desde casa con nuestras responsabilidades laborales cuando es necesario.

 

¿Que por qué trabajo si me pesan tanto estos prejuicios? Pues además de la obvia respuesta de que el dinero no crece en los árboles, porque lo mío con lo que hago es vocación, y ante eso poco se puede hacer. Además porque estoy convencida de que al ser una mamá que trabaja, le doy un gran ejemplo a mis hijos y que en la medida de que lo tomemos de forma más natural y se repartan las obligaciones con la pareja, estos prejuicios eventualmente desaparecerán. Para terminar les dejo este video que es increíble y que me parece que debería ser parte del CV de cualquier madre que quiera volver al trabajo.

 

PD ¿Les gustaría leer sobre los 3 prejuicios a los que se enfrenta una mamá de tiempo completo? Se los prometo para la próxima semana.

 

 

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Adriana Vera Orozco

La maternidad según Dada

Me llamo Adriana pero mucha gente me conoce como Dada. De niña soñaba con publicar algún día en el New York Times. A la fecha no lo he logrado, pero sí he escrito para Harper's Bazaar, Caras, Marie Claire, Casaviva, Women's Health, InStyle, Quién y Living de Martha Stewart. Desde el 2006 he tenido varios blogs, en 2007 me convertí en madre y hoy soy la editora en jefe de Todobebé, lo cual me permite combinar mis dos pasiones: la escritura y la maternidad. También me puedes leer en neceser.wordpress.com, un blog de maternidad y estilo de vida.