¡A gatear!

¡A gatear!

Por Delia Ortiz

Cuando los gemelos cumplieron nueve meses, el 21 de marzo, la nena comenzó a ponerse en cuatro puntos —manitas y rodillas al piso— y ensayaba sus primeros gateos. A los cinco días, se sentó sola. Tras una semana más de práctica, en su diario anoté que el 4 de abril ya gateaba solita. Vale mencionar que se retrasó en gatear, pues por su displasia de cadera usaba desde el mes de nacida un arnés que le mantenía inmovilizada la cadera y con las piernas en posición de rana, durante las 24 horas del día. Con todo y arnés, una vez que el ortopediatra prescribió el uso del aparato solamente durante las noches, la niña tardó dos semanas en gatear.

 

Su hermano gemelo fue totalmente diferente: 29 de junio, comienza a arrastrarse; 4 de agosto, se pone en cuatro puntos; 17 de septiembre, ya se sienta solito y ensaya sus primeros gateos; 26 de diciembre, comenzó a gatear. Le tomó seis meses. La verdad, sea dicha, es un tiempo fabuloso, porque hay niños con síndrome de Down que comienzan a gatear después de los dos años y medio de edad.

 

En las casi 130 horas de fisioterapia que ha tenido que tomar mi hijo —desde que cumplió tres meses hasta que empezó a gatear al año y medio—, para hacer frente a los retos psicomotores que le representa tener Down, su terapeuta me explicó los múltiples beneficios que tiene para un bebé gatear: evitar la obesidad, desarrollar habilidad en las muñecas previas a la escritura y, quizá la más importante, conectar los hemisferios cerebrales por el patrón cruzado que implica gatear. Los niños con desarrollo tradicional hacen ese patrón de manera automática, mi hijo se la pasó arrastrándose con ambos brazos al frente por seis meses hasta que logro el cruce: avanza brazo derecho con pierna izquierda y viceversa.

 

Los padres de hijos con desarrollo típico pueden pasar por alto la complejidad del gateo y la importancia del mismo, quizá yo misma habría sido de las mamás que contestan: “Mi bebé no quiso gatear, se brincó directo a caminar”. Ahora les digo: “Pero si no es de que quiera”. Mis hijos me han enseñado la importancia de cada etapa del desarrollo de un bebé. Y mire que sostenerse en las dos piernas y ensayar la marcha hacia adelante es un nuevo reto que implica la seguridad en los tobillos, hincarse, lograr balancearse y meter las manos para amortiguar las caídas, además de ensayar el caminado horizontal sostenido de los muebles.

 

Los bebés con desarrollo típico hacen todo de manera tan espontánea y natural que ya ni lo apreciamos, pero créame que es sumamente complejo. Son acciones que también implican madurez física y mental del niño que buscará cada vez más independencia. Para los bebés que tienen el reto adicional de un síndrome o una lesión cerebral, lograr caminar bien vale otra colaboración.

 

Por lo pronto, le diré que a los niños con Down los “dan de alta” de terapia física cuando logran subir escaleras y brincar, otras dos proezas del actuar humano que pasamos desapercibidas

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Ahora bien, con síndrome o sin él, con displasia o sin ella, resulta que cada bebé es diferente, así que sus gemelos —sean ambos con desarrollo tradicional o no, sean gemelos idénticos o no— también gatearán o caminarán en diferentes momentos, porque son dos personas no una, pero ya hablaremos de ese tema en otra ocasión.

 

Por lo pronto, aquí las recomendaciones para animar el gateo:

 

1.- Poner al bebé boca abajo. Ese es el mejor ejercicio para un bebé. Lograr el control de tronco es una hazaña para un bebé, apláudalo cuando lo logre.

 

2.- Usted también póngase a gatear. Como primates aprendemos a través de la imitación, así que a su bebé lo emocionará verlo gatear y querrá seguirlo. Mientras que usted verá  que es un ejercicio estupendo y hasta se sentirá más lúcido después de gatear por un rato.

 

3.- Anime a su bebé a gatear colocándolo sobre cuatro puntos: manos y rodillas al piso. Ayúdelo a hacer el patrón cruzado: avanza mano derecha con pierna izquierda y viceversa. Ponga objetos que le interesen a su bebé al frente. En el mercado hay incluso muñecos gateadores que pueden resultar interesantes. Habrá también que ser creativo y poner un túnel por donde al bebé le resulte fantástico cruzar gateando. Todas son estrategias para que el bebé gatee por el mayor tiempo posible y aún cuando ya camine, identifique el gateo como algo divertido. Los fisioterapeutas incluso dicen que “es más importante gatear que caminar”.

 

4.- No pare a su bebé. Ni lo haga caminar. Los fisioterapeutas Vojta específicamente —una técnica a la que dedicaré una colaboración especial— advierten que no debemos colocar a los bebés en ninguna posición a la que el niño no pueda llegar por sí sólo. Y eso implica incluso el sentado. Un bebé con desarrollo tradicional se podrá sentar solito, sin ayuda, hacia los seis meses, antes de ese tiempo no haga nada por sentarlo, a pesar de que se sienta presionada por su mamá y por su suegra. En mi caso, ambas querían sentar a los gemelos desde el mes de nacidos. ¡Hágame, usted, favor!

 

5.- No tenga miedo a ensuciarse. Los bebés se ensucian y mucho. Así que no tenga miedo estar a ras de suelo, si tiene las precauciones propias de la época moderna como colocar fomi y tapar los contactos de la electricidad —además de apartar todo aquello que le pueda parecer peligroso como un mueble que el bebé pueda jalar y se le vaya encima—, el gateo es una actividad sumamente divertida para la exploración. El pediatra español Carlos González escribe en su libro “Un regalo para toda la vida”, que en la Edad de Piedra, los padres no se escandalizaban si un bebé encontraba una cucaracha mientras gateaba, incluso lo festejaban porque era proteína para su dieta. No se preocupe, gatear tiene  muchos más beneficios que andar encontrando cucas.

 

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