Anemia en el embarazo
Entérate en qué consiste, cómo puede afectar tu salud y la del bebé y cómo superarla con éxito y de manera sencilla.

Anemia en el embarazo

 

Uno de los componentes de tu sangre, como la de todo el mundo, son los glóbulos rojos, que se encargan de transportar el oxígeno a todo el cuerpo. Cuando la cantidad de estas células disminuye, el organismo debe trabajar más fuerte y hacer uso de sus reservas. Si se sitúan por debajo de cierto nivel, existe entonces posibilidad de deterioro de tus tejidos y, en el caso de estar embarazada, hace peligrar el correcto desarrollo del feto.

 

Así, si estás en estado de gravidez, y tu nivel de hemoglobina -que es la medida que se utiliza para contabilizar los glóbulos rojos- está por debajo de 11 gramos por decilitro de sangre durante el primer trimestre de embarazo, puede decirse que estás padeciendo de anemia. Si el nivel fuese inferior a 8.5 existiría además un gran riesgo para la vida del feto.

 

Aunque hay varios tipos de anemia, según la causa que la produce, lo más probable en el caso de una embarazada es que se trate de la llamada anemia nutricional. Ésta, a su vez, puede ser ferropénica, es decir, por carencia de suficiente hierro en tu cuerpo, o megaloblástica, por déficit de ácido fólico. Otras anemias poco frecuentes pueden tener un origen genético o deberse a una hemorragia transitoria.

 

 

Algo usual, pero de cuidado

 

 

En el caso de las embarazadas, la anemia es común sencillamente porque sus cuerpos consumen una mayor cantidad de hierro y de ácido fólico, que se utiliza en el desarrollo de los futuros bebés. Además de poder detectarse con sencillos exámenes de laboratorio, existen síntomas físicos que la evidencian, como la sensación de cansancio, de debilidad, la palidez en la piel y otras partes del cuerpo (labios, uñas de las manos, parte interior de los párpados) y, en algunos casos, respiración y palpitaciones aceleradas, dificultad para concentrarse e irritabilidad.

 

No obstante, pese a su frecuente aparición, no es algo que debas tomarte a la ligera: es fundamental que la controles siguiendo los consejos de tu médico, especialmente porque la anemia puede producir, como advertimos, daños en el desarrollo físico del bebé que está por nacer.

 

Qué hacer si padeces anemia en el embarazo

 

 

Si se ha detectado a través de unos exámenes de sangre, que tienes bajos los niveles de hemoglobina, no tienes porque preocuparte en exceso. En efecto, es perfectamente posible que puedas superar esta anemia con el tratamiento adecuado. Fundamentalmente se trata de que aumentes tu ingesta de hierro y, de ser necesario, de ácido fólico.

Una primera forma de hacerlo es a través de una dieta rica en dichos minerales. Los alimentos que contienen mayor cantidad de hierro son las carnes, especialmente las rojas. Le siguen ciertos vegetales, como las espinacas, las legumbres (lentejas, frijoles, etcétera) y las acelgas, aunque éstos deben consumirse combinados con frutas que contengan vitamina C -básicamente cítricos, como la naranja- para que el hierro sea absorbido adecuadamente.

 

Es importante hacerte aquí una nota de atención respecto al hígado y a sus derivados como el paté. Si bien son altamente recomendados para personas que tienen anemia, porque poseen el más alto nivel de hierro, no lo son si estás embarazada, pues el hígado también es fuente de vitamina A proveniente del retinol. Consumir demasiada vitamina A durante el embarazo puede generar defectos de nacimiento en tu bebé, por lo que encarecidamente te sugerimos lo evites.

 

Por lo que respecta al ácido fólico, éste está presente tanto verduras como el tomate, la lechuga o las espinacas, como en las legumbres, los cereales y las frutas. Es importante, en estos casos, que los consumas frescos, no enlatados, pues estos últimos ya han perdido el referido nutriente.

 

Otra precisión: por más que te empeñes en consumir grandes cantidades de estos alimentos, y aunque tu nivel de hierro y ácido fólico aumenten, es probable que no alcancen los mínimos necesarios. Por eso es seguro que tu médico te recetará algún complemento en forma de pastillas o en jarabe. La mayoría de los complejos vitamínicos especialmente diseñados para embarazadas contienen el requerimiento adecuado de hierro, mientras que el ácido fólico suele venir en presentaciones independientes. No obstante, en el caso del hierro, no es aconsejable consumirlo en la misma toma con complementos de calcio ya que éste inhibe la absorción del primero.

 

A manera de síntesis, conviene que tengas entonces presente que la anemia es una afección muy común durante el embarazo, por lo que no debe extrañarte si la padeces. Lo que sí es fundamental es que la trates adecuadamente, mejorando tu ingesta de alimentos que contengan hierro y ácido fólico y tomando con disciplina los complementos vitamínicos que tu médico te recete.

    Danos tu opinión