El desarrollo emocional de 0 a 3 años
Los bebés pasan por una serie de hitos en su desarrollo emocional, aunque cada uno tiene su propia personalidad de la que empezaremos a ver signos desde muy temprano.

El desarrollo emocional de 0 a 3 años

Los bebés pasan por una serie de hitos en su desarrollo emocional, aunque cada uno tiene su propia personalidad de la que empezaremos a ver signos desde muy temprano. Con la expresión de las emociones comunicamos a los demás nuestros deseos, necesidades o intenciones y esperamos una respuesta. Para los bebés esta comunicación es vital ya que dependen de los adultos para todo.

Primeras señales de emoción

Los recién nacidos expresan sus emociones mediante el llanto, cuando necesitan algo, lloran. El llanto es distinto dependiendo de lo que le suceda. Si tiene hambre es un llanto rítmico, cuando está enfadado es un llanto arrítmico y forzado. El dolor les hace estallar de golpe y fuerte sin gemidos previos. Si es la frustración lo que les hace llorar, lo harán con dos o tres sollozos largos.

En los primeros tres meses de vida se pueden diferenciar las emociones más básicas. Sobre los nueve o diez meses los bebés ya pueden experimentar e identificar varias emociones a la vez. A partir de los dos años, cuando ya tiene conciencia de sí mismos, comienzan a controlar sus emociones. Y alrededor de los tres años se despiertan las emociones con las que evalúan, como la timidez o el miedo.

La conciencia del yo y el temperamento

Adquieren la conciencia del yo entre el año y medio y dos años. Con ella se desarrolla el conocimiento del resto del mundo y aparecen emociones conscientes como la timidez, la empatía o la envidia. A partir de los tres años ya aceptan normas, hacen planes, autoevalúan su conducta en sociedad mostrándose orgullosos, culpables, vergonzosos.

El temperamento viene dado por la biología y aparece en los bebés al mismo tiempo que las emociones. Pero puede ir cambiando dependiendo de la respuesta y la educación que reciba de sus padres, y de las experiencias que vaya teniendo. Es decir, que la personalidad del futuro adulto se forjará a partir del temperamento natural del bebé y de su desarrollo emocional.

La confianza y el apego

Hasta el año y medio el niño desarrolla un nivel de confianza básico con las personas y objetos de su entorno. Poco a poco necesitará buscar un equilibrio entre la confianza y la desconfianza. La confianza le permite mantener relaciones íntimas, pero si tiene un exceso de confianza se pondrá en riesgo. Es necesario que desarrolle la desconfianza para defenderse de los peligros.

La primera muestra de apego es hacia su madre o cuidador, con quien desarrollará sus primeras experiencias de relación. Este vínculo emocional es recíproco, duradero y fundamental para el bebé, ya que le asegura que estarán cubiertas sus necesidades básicas y protección. Es por esto que los pequeños lloran cuando se marcha su madre y la reciben con alegría cuando vuelve.

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